Entrar Via

Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 417

¡Hasta podía oír la respiración agitada de un hombre detrás de ella!

En la mente de Gisela, sonaron todas las alarmas. El corazón le latía con tanta fuerza que sentía que iba a estallar, y la presión le subió tanto que hasta se quedó sin aire por los nervios. Sin pensarlo, echó a correr con todas sus fuerzas hacia el edificio de renta donde vivía.

Mientras corría, su cabeza no dejaba de dar vueltas tratando de adivinar quién podría estar detrás.

Si alguien tenía cuentas pendientes con ella, solo podían ser la familia Tovar o la familia Varela.

Pero, ¿no se suponía que al mudarse tan lejos ya se habría librado de ellos? ¿Por qué no la dejaban en paz?

Detrás, los pasos y la respiración de ese hombre se sentían cada vez más cerca.

Ya casi lo tenía encima.

Gisela apretó los dientes.

En ese edificio vivía muchísima gente y, la verdad, el lugar ni siquiera tenía buena acústica; cualquier grito seguro lo escucharían todos los vecinos.

Si lograba gritar, tal vez alguien vendría a ayudarla.

Abrió la boca lo más que pudo.

—¡Ayuda!

Por un instante, la respiración tras ella se detuvo. Gisela abrió los ojos aterrada, viendo aparecer una mano pálida que, antes de que pudiera reaccionar, le tapó la boca con una fuerza imposible de resistir.

—¡Pum!

—¡Mmm!

La persona detrás de ella la jaló con violencia. Un brazo, tan fuerte como una cadena, le rodeó la cintura apretándola contra un cuerpo que ardía como si tuviera fiebre. La energía sofocante de ese tipo la envolvió por completo; su grito y hasta su respiración quedaron atrapados bajo una mano enorme que le cubría toda la boca.

Con los ojos bien abiertos, Gisela reaccionó de inmediato y empezó a forcejear como loca. Alzó los brazos y, con los puños cerrados, le pegó con todas sus fuerzas en el pecho al hombre que la sostenía.

Pum, pum, pum. Cada golpe sonaba sordo y, de fondo, podía oír el quejido apagado del tipo.

Al escuchar esos sonidos, el sudor helado le corría ya por la frente.

Se retorcía como un pez fuera del agua, pero la fuerza de ese hombre era aplastante.

No podía respirar, la mano le cubría la boca y la nariz, la cara se le puso roja y la cabeza le zumbaba por la falta de aire. Sentía el pánico a flor de piel.

—¡Mmm! ¡Mmm!

La respiración del hombre se volvía cada vez más pesada. Quería decir algo, pero su voz, ronca y grave, apenas alcanzó a salir:

—Tú...

Gisela estaba segura: nunca antes había escuchado esa voz.

De repente, un rechinido interrumpió todo.

Gisela alzó la mirada, esperanzada.

Después de casi un mes viviendo ahí, ya reconocía perfectamente ese sonido: alguien había abierto una ventana.

Siguió el ruido con la vista.

¡Era Aitana!

Gisela abrió los ojos con más fuerza y forcejeó aún más.

—¡Mmm!

¡Estoy aquí, ayúdame!

Era de noche, no lograba distinguir la cara de Aitana, pero vio que ella se asomaba, como queriendo mirar hacia donde estaba ella y el hombre.

¡Ya casi la encontraba!

Capítulo 417 1

Capítulo 417 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza