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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 422

Gisela lo miraba con una calma tan extraña que hasta daba escalofríos, y resumió todo en una sola frase:

—Xavier, la verdad es que tienes problemas en la cabeza.

Xavier abrió los ojos como platos, sin poder creer lo que escuchaba.

—¿Nada más porque te dije que no, ahora resulta que estoy mal de la cabeza?

Gisela se quedó callada.

No, espera, ¿eso fue lo que dijo?

Pero Xavier de verdad se puso furioso. Se metió de nuevo bajo las sábanas de un brinco, dándole la espalda a Gisela con una actitud de niño enojado.

—¡Lárgate! ¡No quiero verte!

Gisela también quería irse, pero el cuarto entero estaba tan silencioso que cada palabra que decían se escuchaba clarito. Además, todos los que estaban ahí no le quitaban la mirada de encima.

Sus caras mezclaban lástima y un dejo de desprecio.

Lástima porque, supuestamente, ella se le había declarado a Xavier y él la había rechazado. Desprecio porque, según ellos, como la rechazaron, lo insultaba diciendo que tenía problemas mentales.

Gisela se detuvo en seco.

Sintió que tenía que aclarar las cosas ahí mismo, si no su reputación se iba a ir por la borda.

Se paró junto a la cama, agarró la sábana con la que Xavier se cubría y la jaló un poco.

—A ver, aquí hay un malentendido.

Xavier, apretando los dientes, soltó:

—¿Ahora qué quieres?

Al tiempo que hablaba, sujetaba la sábana como si estuviera a punto de ser atacado, con esa pose de chico decente defendiendo su dignidad.

A Gisela ya se le estaba acabando la paciencia.

—En serio, estás entendiendo todo mal.

Xavier, terco, ni siquiera volteó a verla.

—No hay ningún malentendido, ¡ya vete!

Gisela abrió la boca para explicarse, pero ni siquiera sabía de dónde había salido el supuesto malentendido.

Al final, se quedó viendo la espalda de Xavier, con la voz tranquila:

—Yo nunca te dije nada de declararme. ¿Por qué te pones así?

Las orejas de Xavier se pusieron rojas, como si se hubiera convertido en un tomate maduro.

—Con tanta gente aquí y todavía te atreves a decir eso… ¡tú tal vez no tengas vergüenza, pero yo sí!

Gisela respiró hondo.

—Lo que intento decir es—

—No voy a aceptar nada —le interrumpió Xavier.

Gisela notó cómo todos alrededor se morían de ganas de escuchar el chisme, e hizo un esfuerzo por no perder la compostura.

—Lo que intento decir es—

De repente, Xavier se incorporó y la miró con una expresión rara.

—Ya entendí.

Gisela presintió que lo que venía no iba a ser nada bueno.

—¿Entendiste qué?

Xavier lo dijo seguro:

—Ya te he visto antes, eres mi vecina de enfrente.

Gisela alzó una ceja.

—¿Ya te acordaste? Mira nada más, parece que tu cabeza todavía sirve un poco.

—Así que, desde entonces, ya estabas pensando en mí… ¿verdad? —le costó decirlo y el rojo de su cara era más intenso.

—No, amigo, tú—

Pero Xavier ya se había vuelto a echar en la cama.

—Vete, te dije que no voy a aceptar nada.

Capítulo 422 1

Capítulo 422 2

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