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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 497

Xavier le sujetó la parte trasera de la cabeza y le obligó a levantar la cara, casi forzándola a mirarlo de frente.

—Gisela, dije que lo hago porque me preocupas.

El corazón de Gisela dio un vuelco.

Ambos se quedaron mirándose fijamente durante un largo momento. Xavier respiraba agitado; Gisela apretó los labios, dejando que el silencio creciera entre ellos.

Xavier le apretó un poco más el cabello.

—Gisela, habla.

Gisela frunció el ceño. Xavier, al notar su gesto, soltó de inmediato y hasta intentó tranquilizarla acariciando su cabeza.

Gisela tenía un nudo de emociones en el pecho, difíciles de desenredar.

Hasta la más despistada se habría dado cuenta a estas alturas de que había problemas a punto de explotar.

Abrió la boca, y con voz áspera trató de explicarse:

—…Para conseguir los derechos del juego de Coneja Rosita, tengo que regresar con la familia Tovar.

Xavier soltó una carcajada amarga.

—Sabía que era eso. ¿Por qué hace rato defendiste tanto a Nelson? ¿Todavía no lo superas?

Gisela frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

¿No ha superado a Nelson?

Eso era imposible.

De repente, la voz de Xavier bajó de tono.

—¿Me equivoco? Hace rato te pregunté y no contestaste. ¿Tienes miedo de que hable mal de él? ¿Te duele que le diga la verdad?

Gisela apretó la boca aún más. Justo cuando Xavier terminó, ella lo empujó con fuerza.

—No hay nada más que decir. Es mi decisión y asumo todas las consecuencias.

Xavier bajó la cabeza y soltó una risa apagada, murmurando casi para sí:

—Nada que decir, ¿eh?

Levantó la mirada. Tenía la expresión más tormentosa que Gisela le había visto en cinco años de conocerse.

—Gisela, ¿todavía tienes corazón?

Ni ella misma sabía por qué, pero esas palabras le hicieron temblar. Sentía la boca seca, la garganta cerrada, y una punzada de culpa hacia Xavier.

Xavier seguía observándola.

Gisela entendió que, en ese momento, tenía que decir algo.

—Xavier, no te estoy ocultando nada. Hace cinco años, tuve problemas con la familia Tovar y por eso me vine a Ciudad de los Vientos. Han pasado cinco años. Hay cosas que no se resuelven huyendo. Yo, la familia Tovar y otras personas, tenemos cuentas pendientes. Si no es ahora, será después. Tarde o temprano, tenía que regresar.

—Y tampoco te mentí. Aunque Nelson no hubiera pedido esto, igual pensaba volver algún día. Es mi decisión.

Gisela terminó de hablar de un tirón. Vio cómo la expresión de Xavier se suavizaba poco a poco.

—¿Puedes entenderlo?

El rostro de Xavier ya no se veía tan sombrío; ahora mostraba incomodidad.

Gisela fue directa:

—Xavier, pensé que tú sí me ibas a entender.

En ese instante, Xavier abrió los ojos un poco más, con una mezcla de tristeza y urgencia.

—Yo solo… Gisela, no quise decir eso.

Gisela bajó la cabeza.

—Ya te lo dije antes, lo de Nelson quedó en el pasado. Tú mismo dijiste que Nelson y su esposa cumplen cinco años de casados. ¿Cómo voy a seguir pensando en él? ¿O es que crees que soy una rompe hogares?

Xavier contestó de inmediato:

—Por supuesto que no. Yo… lo siento, fue un error, Gisela. Me equivoqué contigo.

Delia sonrió con seguridad.

—Claro, cuando yo me meto, siempre encuentro al traidor. ¿A poco no?

Gisela rio.

—Sí, eres la mejor.

—Pero igual, ten cuidado —advirtió Delia de repente.

Gisela levantó la vista.

—¿Por qué lo dices?

La expresión de Delia se endureció.

—Descubrí que alguien del área de tecnología tiene vínculos con la familia Tovar.

La sonrisa en los labios de Gisela se desvaneció.

—¿Otra vez la familia Tovar?

Delia agregó:

—Todavía no tengo pruebas. Sigo investigando y no quiero alertar a nadie. Te aviso solo para que tengas cuidado. Romina está mejor que nunca, y Nelson la protege. Sabes que es bien rencorosa. No dejes que te meta el pie.

Gisela asintió.

—Lo tengo claro.

De pronto, Delia chasqueó la lengua.

—No me quedo tranquila. Mejor lleva a alguien contigo.

Gisela ya sospechaba a quién se refería.

—…¿A quién?

—¿A quién más si no es a Xavier?

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