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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 502

Gisela no podía ocultar el fastidio en su rostro.

Xavier, terco y decidido, bloqueaba la puerta de la habitación del hotel como si su vida dependiera de ello. Su postura lo decía todo: “Si tú no me dejas ir contigo, entonces yo tampoco te dejo salir.”

Gisela, sin inmutarse, le lanzó una mirada fulminante, como si intentara intimidarlo solo con los ojos.

La expresión de Xavier se tornó cada vez más seria. Finalmente, lanzó su último ataque:

—Gisela, sé razonable. Reservamos dos habitaciones, pero desde que llegamos al hotel, ¿quién ha acomodado tu maleta? ¡Yo! Y desde que entraste, ¿quién se ha sentado en la cama jugando con el celular? ¡Tú! No puedes tratarme así, me siento herido…

Los reproches de Xavier lograron que Gisela, a pesar de su firmeza, mostrara cierta incomodidad en su mirada.

Xavier sabía muy bien que después de un regaño venía una caricia. Así que suavizó el tono y agregó:

—Además, ¿tan mala compañía soy yo? Anda, Gisela, llévame contigo.

Al final, Xavier salió ganando y fue con Gisela a encontrarse con sus viejos amigos.

Ambos siguieron al mesero por el restaurante. Xavier, en voz baja y cerca del oído de Gisela, preguntó:

—¿A quién vas a ver? ¿Es hombre o mujer?

Xavier estaba atento, no solo por Nelson, sino por cualquier hombre que rondara cerca de Gisela.

Por dentro, pensaba que ojalá no fuera un ex novio o algún amor del pasado, porque ahí sí iba a armar un escándalo.

Mientras preguntaba, Xavier aprovechó el reflejo en la ventana del restaurante para observar su peinado y su atuendo.

No estaba nada mal: su cabello perfectamente peinado en un corte con raya al medio, resaltando sus cejas marcadas; un traje gris oscuro, bien ajustado y de tela fina, acompañado de una corbata color vino. Cada detalle en su lugar, suficiente para dejar ciego a cualquier rival.

Xavier iba tan orgulloso, que caminó junto a Gisela con el pecho en alto.

Mientras Gisela buscaba a su amiga con la mirada, respondió:

—Es una mujer, mi maestra. Así que, por favor, compórtate y nada de comentarios fuera de lugar.

Al decirlo, su mirada se fijó en el fondo del restaurante. De inmediato, le dijo al mesero:

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