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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 515

Gisela bajó un poco la mirada, sus ojos perdieron algo de brillo.

—Entre él y yo no hay mucho que contar. Pero si quieres escuchar, te lo puedo platicar.

—Pero…

Xavier no tardó en preguntar:

—¿Pero qué?

Gisela apretó los labios y esbozó una sonrisa traviesa.

—¿Estás seguro de que quieres escuchar?

La voz de Xavier se volvió más grave.

—Ya son cosas del pasado, ya quedó atrás. No pasa nada, puedo oírlo.

Gisela se inclinó hacia él, tratando de ver su expresión.

—¿De verdad quieres escuchar? ¿Entonces por qué esa cara tan amarga?

Xavier apartó la vista.

—No es cierto.

Gisela soltó una risita ahogada.

—No te pongas así, eh. Si cuando llegue Nelson sigues con esa cara, va a terminar viéndose mejor que tú.

Xavier giró la cabeza de golpe y la miró con ojos entrecerrados.

—¿Qué tratas de decir, que Nelson es más guapo que yo?

Gisela encogió los hombros, divertida.

—Yo no dije eso, tú solito lo entendiste así.

Él la observó con atención, como queriendo descifrar cada emoción en su rostro.

—Será mejor que de verdad no lo pienses.

Gisela ya no pudo contener la risa.

—No, claro que no. Tú eres el más guapo, el más guapo del mundo, ¿feliz?

Xavier mantuvo el gesto serio, pero terminó ajustándose la corbata otra vez, como si buscara reafirmar su presencia.

Gisela negó con la cabeza, divertida.

Echó un vistazo rápido a su alrededor, recorriendo con la mirada cada rincón de la mansión Tovar.

Aunque habían pasado algunos años, aún recordaba los momentos vividos en distintos sitios de esa casa.

De repente, se quedó inmóvil.

Nelson respondió con un simple:

—Ya voy.

Se dio la vuelta y salió del cuarto.

Apenas abrió la puerta, Romina lo recibió con una sonrisa y lo tomó del brazo.

—Nelson, vamos, el abuelo y los invitados siguen esperando. Hay que apurarnos.

Nelson bajó la mirada y le respondió en voz baja que sí, mientras le extendía la mano a Thiago.

Thiago, con una sonrisa radiante, corrió a tomar la mano de su papá y se metió de lleno entre él y Romina, extendiendo la otra mano para tomar la de su madre.

—¡Papá, mamá, bajemos ya!

Romina bajó la vista y sonrió, antes de buscar la mirada de Nelson. Su expresión era de felicidad tranquila, casi como un reflejo de la armonía familiar que vivían.

Comparado con el tranquilo patio de la mansión, el ambiente en la sala estaba mucho más animado.

Por suerte, la casa era enorme y el salón principal bastante amplio, así que no se sentía abarrotado, aunque hubiera mucha gente.

Cuando Gisela y Xavier entraron, casi todos los presentes volvieron la mirada hacia ellos.

Las miradas eran complejas, algunas cargadas de curiosidad o nostalgia, pero la mayoría se acercó con sonrisas sinceras.

—Señorita Gisela, ¿aún se acuerda de mí?

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