No pasó mucho tiempo antes de que desde el auditorio se escuchara la voz de una mujer, hablando en un inglés impecable.
Gisela, que había pasado noches enteras estudiando inglés, entendía perfectamente lo que decía.
—Director Esteban, buenos días. Soy Romina, también candidata para el papel principal femenino de esta película. Hoy yo...
Gisela frunció el ceño y giró la cabeza.
Ahora la mujer ya no le daba la espalda como antes, así que Gisela pudo ver al menos su perfil.
Era Romina.
Gisela murmuró en voz baja:
—¿Qué hace ella aquí?
Xavier cruzó miradas con ella, pero no dijo nada.
De pronto, como si una chispa hubiera encendido algo en su mente, Gisela captó la idea de inmediato.
Sacó su celular y buscó noticias sobre Romina.
En los últimos años, Gisela había estado tan centrada en sí misma que no prestó mucha atención a la vida de Nelson y Romina. Sólo había leído por encima algunas noticias sobre ellos, sin fijarse demasiado.
Ahora, de pronto, le vinieron recuerdos vagos a la mente.
Tras echarle un vistazo a un par de noticias, Gisela confirmó que, en los últimos dos años, Romina había cambiado de carrera a actriz con el apoyo económico de Nelson.
Sin embargo, todos estos años Romina sólo había interpretado papeles pequeños. Nada relevante, nada que la hiciera destacar.
Pero esta vez, Nelson sí que había apostado fuerte.
Se trataba del papel principal de una película dirigida por el renombrado director Esteban; ninguna actriz querría dejar pasar esa oportunidad.
La protagonista de la última película de Esteban había ganado el premio de mejor actriz en un festival internacional, dando el salto a la fama mundial.
Aunque el papel por el que Romina audicionaba no tenía nada que ver con el tema de los derechos del juego de casino, Gisela no podía evitar sentirse inquieta.
¿De verdad era sólo una coincidencia?
Nelson se había negado a venderle los derechos. Ella fue a buscar a Esteban y, casualmente, ahí estaba Romina.



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