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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 54

Los ojos de Gisela se oscurecieron poco a poco, mientras apretaba los puños con lentitud.

Ese piano era carísimo; Nelson lo había traído especialmente desde Francia, y estaba lleno de historias.

Gisela lo recordaba perfectamente: Nelson le regaló ese piano a Romina justamente en el día de su cumpleaños.

Fue apenas el año pasado. En ese entonces, la relación entre Nelson y ella no era tan tensa como ahora.

Por aquel tiempo, Nelson sí la trataba como a una hermana. Se encargaba de todo, siempre atento, cuidando hasta el más mínimo detalle.

Desde que la familia Tovar la adoptó, cada cumpleaños de Gisela era una ocasión especial en la que Nelson siempre ponía todo su esmero.

Ese piano, que valía más de cien millones de pesos, fue el regalo de cumpleaños que Nelson le había prometido.

Recuerda que Nelson la llevó hasta la sala del piano ese día.

Le cubrieron los ojos con una venda negra; justo detrás de ella, podía sentir el pecho cálido y amplio de Nelson, su olor envolvente e irresistible.

El corazón de Gisela latía con fuerza, mientras Nelson la guiaba hasta que su mano rozara la perilla de la puerta.

La voz de Nelson sonó más suave que de costumbre:

—Ábrela tú misma.

En ese instante, los latidos se aceleraron aún más.

De pronto, el sonido de unos tacones irrumpió en la escena y todo se detuvo.

La mano de Nelson, que estaba sobre la suya, se apartó de repente. La ausencia de su calor la desconcertó.

Y entonces, la voz de Romina resonó en la habitación.

Fue la primera vez que Gisela escuchó a Romina, la primera vez que la vio en persona.

Antes de eso, solo había oído hablar de la belleza de Romina y de lo mucho que Nelson la amaba.

Gisela pensaba que Romina era solo parte del pasado de Nelson.

Todo cambió cuando Romina, con los ojos enrojecidos, le entregó su diario —ese donde Gisela guardaba todos sus secretos de adolescente— directo a Nelson, quien, al leer las confesiones que ella había escrito sobre él, perdió la calma y su mirada se volvió oscura.

Frente a ella, Romina se le pegó a Nelson como una serpiente seductora, luciendo frágil y desvalida, obligando a Nelson a decidir entre ellas dos.

Como era de esperarse, Nelson eligió a Romina.

El piano, que debía ser para Gisela, terminó en manos de Romina.

Nelson le lanzó una mirada con esos ojos oscuros y respondió con voz grave:

—Vamos a Puerto de la Virgen.

El chofer respondió y arrancó el carro de inmediato.

Gisela inhaló profundo.

—¿Para qué quieres llevarme a tu casa?

Puerto de la Virgen era el enorme departamento donde Nelson vivía fuera de la mansión de los Tovar.

Nelson volvió a cerrar los ojos, su tono indiferente.

—Para celebrar tu cumpleaños.

Gisela se quedó pasmada. Frunció el entrecejo, sin entender nada, y lo miró fijo.

—¿Por qué?

El año pasado, él ya había dejado claro que entre ellos todo había terminado. ¿Por qué ahora hacía esto?

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