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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 66

Gisela dio media vuelta, dispuesta a salir corriendo.

—Voy a buscar al director, le voy a rogar ahora mismo —soltó con desesperación.

La maestra Arce apartó la mirada con fastidio, y de pronto sujetó con fuerza la muñeca de Gisela.

—No vayas, la persona que quiere que me despidan no es el director, es otra. Rogarle al director no va a servir de nada.

El cuerpo de Gisela se estremeció, giró la cabeza y la miró con los ojos bien abiertos.

—¿Entonces... es Nelson?

La maestra Arce apretó los labios, negándose a responder. Los ojos de Gisela se llenaron de lágrimas, y sus labios temblaban.

—¿De verdad fue él? —dijo apenas en un susurro.

El golpe la dejó helada, y en un segundo se le fue el color del rostro.

Sabía que Nelson la detestaba, pero nunca pensó que fuera tanto.

Creía que Nelson solo tenía algo contra ella, pero no… Lo odiaba tanto que ni siquiera dejaba en paz a quien se atrevía a ayudarla.

Gisela se quedó quieta, sin poder mover las piernas.

Si en verdad era Nelson quien estaba detrás de todo, entonces ya no quedaba casi ninguna esperanza.

Peor aún, este asunto también involucraba a Romina, y Nelson era capaz de todo por defender a su esposa.

En todo lo relacionado con Romina, la actitud de Nelson siempre había sido tajante.

Así como en su vida pasada: aunque Fabi fuera su hija de sangre, Nelson jamás permitió que ella lo llamara papá.

Incluso, después de los primeros siete días de la muerte de Fabi, Nelson ni siquiera notó que su hija había desaparecido por una semana.

Y si algo llegaba a pasarle a Romina o al hijo que tenían juntos…

No, ni siquiera habría oportunidad de que algo les pasara. Nelson jamás lo permitiría.

La maestra Arce soltó la mano de Gisela, forzando una sonrisa.

—No te preocupes, Gisela. Yo estoy bien, no pasa nada. Al final, es solo un trabajo, ¿no?

—Voy a pedirle ayuda a él —la voz de Gisela sonaba débil pero firme.

La mirada de la maestra Arce se apagó, mostrando un dejo de compasión.

—No seas ingenua. Primero ve a ver al director y pídele que no te expulse. Te falta poco para los exámenes de ingreso a la universidad, piensa en ti primero.

Gisela la miró con decisión y apretó los dientes.

—Maestra Arce, no voy a dejar que lo hagan. No van a despedirla por mi culpa.

...

Consorcio del Pacífico era la empresa que Nelson había fundado en sus años de universidad. Nadie podía negar que era un genio para los negocios.

En pocos años, Consorcio del Pacífico había salido a bolsa en Estados Unidos, y ahora su valor superaba los cien mil millones de pesos.

A esa hora, seguro Nelson estaba en las oficinas de Consorcio del Pacífico.

Gisela tomó un taxi y llegó a las puertas del corporativo, ubicado en pleno corazón del distrito financiero. El edificio era tan alto que se perdía entre las nubes, y el nombre de Consorcio del Pacífico brillaba junto a su logo en la fachada.

Ese lugar era su peor pesadilla.

En su vida pasada, después de que Fabi y ella fueran expulsadas de la familia Tovar, Gisela tuvo que buscar cualquier trabajo para sobrevivir y cuidar a su hija.

Ni siquiera terminó la prepa, mucho menos la universidad, así que conseguir algo decente era casi imposible.

Intentó de todo: mesera, lavaplatos, lo que fuera, pero en ningún restaurante la aceptaban.

Hubo una vez que la dueña de un pequeño puesto, conmovida al verla sola y con una niña, le dio trabajo.

Pero a los tres días, la familia de la dueña se mudó de forma repentina y apresurada.

Por más ingenua que fuera en esa vida pasada, Gisela entendió que todo era manipulación de Nelson desde las sombras.

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