Entrar Via

Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 676

Tal como decía Xavier, después de bañarse, Gisela fue directo al cuarto de Xavier y, al entrar, se topó con una suculenta cena servida sobre la mesa de cerámica blanca. El vapor aún se elevaba, llenando el aire con el aroma inconfundible de la comida recién hecha.

Xavier había preparado dos tazones de sopa de cebolla con empanadillas de sabor picante, y había añadido un poco de fideos a cada uno. Encima, un puñado de cebollín y cilantro fresco coronaba el plato, haciéndolo ver tan atractivo que hasta el apetito más ausente volvería en un instante.

A Gisela le encantaba el picante, aunque en realidad no lo toleraba mucho. Era de esas personas que siempre decían que les gustaba, pero a la mera hora, apenas y soportaban un poco. Cada vez que salían a comer fuera, si se trataba de pedir algo picante, Gisela solo elegía el nivel más bajo, y si andaba valiente, se atrevía con el intermedio. Así había sido siempre, en el pasado y ahora. Nada había cambiado.

En cambio, Xavier era de los que no soportaban nada de picante. Apenas y probaba un poco, y ya terminaba tosiendo y con los ojos llorosos.

Tiempo después, Gisela se sorprendió al notar que Xavier había empezado a comer picante también. Cuando lo descubrió, intentó detenerlo.

—Oye, ¿no que no podías comer picante?

Xavier, con una sonrisa presumida y el gesto retador, le respondió:

—Siempre hay que probar cosas nuevas, ¿no?

Pero apenas se llevó el primer bocado a la boca, tal como Gisela había predicho, Xavier terminó con los ojos enrojecidos y casi llorando, agarrando el vaso de agua y tragando como si no hubiera un mañana. Tardó varios intentos en lograr calmarse.

Delia y Gisela, que observaban la escena, solo podían mover la cabeza y soltar un suspiro de resignación. Xavier, como si la derrota lo hubiera picado en el orgullo, volvió a levantar el tenedor, dispuesto a comer más, pero Gisela, alarmada, lo detuvo antes de que cometiera una locura y saliera del restaurante en camilla.

Cinco años habían pasado desde entonces, y Gisela se había acostumbrado poco a poco a esa nueva versión de Xavier, que ahora comía picante como si nada.

Sacudió la cabeza, riéndose de sí misma por quedarse atrapada en recuerdos tan lejanos.

Tomó asiento justo cuando Xavier salió de la cocina, aún con la sonrisa de quien sabe que hizo algo bueno. Se quitó el delantal negro y lo colgó en el respaldo de la silla.

—¿Qué tal, eh? ¿A poco no me quedaron bien?

Gisela revolvió la sopa con la cuchara, viendo cómo las empanadillas flotaban en el caldo rojizo.

—A ver, dime la verdad, ¿las hiciste tú o son de las que venden congeladas?

Xavier chasqueó la lengua, fingiendo molestia.

—Aunque fueran congeladas, lo que importa es la intención.

Gisela apenas pudo aguantar la risa.

—O sea que sí son congeladas.

Xavier la miró con fingido enojo.

—¿Y todavía te atreves a quejarte?

Gisela ni pensaba quejarse. Sabía que bañarse le tomaba poco tiempo, y para cuando terminó, Xavier ya tenía todo listo. Eso era suficiente para ella.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza