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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 677

Xavier apoyó ambas manos sobre la barra de la cocina, bajó la cabeza y, con los ojos cerrados, dejó escapar un suspiro tan hondo que le pareció que el cansancio se le salía del pecho.

En cuanto Gisela se fue, el agotamiento lo arrastró como una ola. Sentía el cuerpo pesado, los párpados pegados y la mente dispersa.

Estos días sí que lo traían al límite. Había estado esforzándose para regresar, y todavía fue a la oficina de Gisela a esperarla por una hora. Cuando terminaron de cenar, ya casi daban las tres y media de la madrugada.

Al hacer cuentas, se dio cuenta de que llevaba casi veintiséis horas sin pegar el ojo.

Cerró la luz de la cocina, arrastró las sandalias rumbo a su cuarto y, apenas tocó la cama suave y mullida, el sueño lo envolvió. No tardó en quedarse profundamente dormido.

Pero, aunque su cuerpo pedía descanso, los sueños no fueron nada agradables.

Soñó que acababa de volver a Villa Jardines de Armonía y, al entrar, vio a Aitana con una expresión radiante, armando cajas rojas llenas de caramelos y chocolates. Xavier se acercaba a preguntar y, sin razón aparente, Aitana le respondía con rechazo, casi regañándolo para que no la siguiera.

Sin entender qué pasaba, sus pies lo llevaban tras Aitana. De pronto, se encontró subiendo al carro, ella sentada atrás, dándole órdenes como si fuera la reina del lugar.

—Llévame a Códice Avanzado —le ordenaba Aitana, con ese tono tan suyo de mando.

Xavier no se atrevía a contradecir a la madre de Gisela, así que arrancaba el carro y tomaba el camino que, en teoría, llevaba a Códice Avanzado. Pero al llegar, no reconocía el lugar: era la entrada de un restaurante decorado con luces y guirnaldas, una enorme manta roja colgada en la entrada. La letra era borrosa, pero la gente entraba y salía, todos de lo más felices.

En un parpadeo, Aitana ya llevaba un vestido rojo elegante, salía del carro y entregaba las cajas de caramelos a los invitados.

Xavier bajaba junto a ella. Al acercarse, por fin podía leer la manta: "Felicitaciones a la novia Gisela y al novio Nelson por su matrimonio..."

Un golpe seco en la cabeza, así sintió Xavier la noticia. El coraje lo llenó por dentro. Giró la mirada y vio a Aitana, de pie entre los invitados, señalándolo y reclamando que no debió presentarse. Intentó defenderse, pero justo entonces, entre la multitud, Gisela apareció tomada del brazo de Nelson. Ella apoyaba la cabeza sobre el hombro de Nelson y lo miraba con ternura, con una dulzura que a Xavier le desgarraba el alma.

Al voltear hacia él, Gisela lo miró con desprecio.

—Xavier, ya encontré el amor de mi vida. ¿Puedes dejar de fastidiarme, por favor?

Xavier, temblando de rabia, le gritaba:

—¿Ya se te olvidó que él tiene un hijo?

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