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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 678

Xavier no tocó la barra de búsqueda; en cambio, se quedó mirando la frase que acababa de escribir.

Frunció el ceño, sintiendo que la descripción aún no era precisa, así que borró todo y volvió a escribir.

[¿Qué significa soñar que la chica que me gusta se casa con el hombre que le gustó antes? ¿Es una señal de algo?]

Le dio clic a buscar. La pantalla de su celular se llenó de resultados en cuestión de segundos.

Xavier empezó a hojear los enlaces sin mucho interés. Todo le parecía desordenado, sin sentido. Ninguna explicación le convencía.

Pasó varias páginas, cada vez más fastidiado, hasta que terminó por tirar el celular a un rincón de la cama y cerrar los ojos.

Se sentía ridículo: asustado por un simple sueño, buscando respuestas desesperadamente en internet.

No tenía remedio.

Después de ese pequeño drama, el sueño lo había abandonado por completo. Se levantó rápido de la cama y fue directo al baño a bañarse.

Cuando salió de la ducha, mientras se secaba el cabello, bajó la mirada al celular y le mandó un mensaje a Gisela.

Xavier: [¿Ya despertaste?]

Pero Gisela no respondió.

Xavier revisó la hora: eran las seis cincuenta de la mañana.

Por lo general, Gisela se despertaba a eso de las siete y media.

A esa hora, ella seguía dormida, seguramente.

Terminó de secarse el cabello y, recostado contra la cabecera, se puso a jugar un rato en el celular.

Ya casi terminaba su tercera partida cuando al fin Gisela le respondió: [¿Por qué tan temprano despierto?]

Xavier, mientras guiaba a su equipo a destruir la base enemiga, contestó apenas ganó la partida: [Soñé que tú me hacías enojar.]

Pasó otro rato antes de que Gisela le volviera a escribir, probablemente estaba en el baño arreglándose: [¿Ahora qué hice?]

Con cara seria, Xavier pensó que todavía no perdonaba a la Gisela de su sueño, y tecleó: [No te voy a contar.]

Gisela: [¿?]

Pasaron unos diez minutos más, y Gisela volvió a escribirle: [Ven a desayunar.]

Al ver el mensaje, Xavier sonrió satisfecho y se encaminó sin prisa hacia el departamento de Gisela.

Al entrar, vio que Gisela y Aitana ya estaban sentadas en la mesa. Aitana le saludó con una sonrisa; Gisela, en cambio, no despegaba la vista de su celular.

Apenas se sentó, la voz tranquila de Gisela llenó el ambiente.

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