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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 69

Gisela abrió la boca, pero antes de que pudiera decir algo, otra voz masculina la interrumpió.

—Romina —el hombre habló con un tono adulador—, ya me enteré de lo que pasó ayer. De verdad, jamás imaginé que usted fuera Paloma. Hay personas en las redes y en otros lados que se pasaron de la raya. Hasta yo me enojé viéndolo.

El hombre miró a Gisela con una intención oculta, sus ojos cargados de burla y desprecio.

—Mire, el señor Nelson ya está defendiendo su causa.

Todos los que se movían cerca de Romina sabían manejarse perfectamente, adaptándose según les convenía.

No solo Gisela, sino toda la familia Tovar sabía bien que Nelson tenía una clara preferencia por Romina, la trataba diferente a los demás.

Los presentes entendían el peso que Romina tenía para Nelson. Si no podían influir en él directamente, buscaban ganarse el favor de Romina.

Al final, congraciarse con Romina era lo mismo que quedar bien con Nelson.

Cuando escuchó el nombre Paloma, a Gisela se le apretó el pecho, una oleada de resentimiento amenazó con desbordarla por completo.

En su vida pasada, Romina había ascendido pisoteando el cadáver de Fabi, y ahora, en esta vida, había robado públicamente la identidad de Paloma.

Romina seguramente ya sabía que Paloma había fallecido, y por eso actuaba con tal descaro.

Pero lo que no esperaba era que aún quedara una testigo de todo: la propia Gisela, quien había sido su alumna.

Gisela bajó la mirada, fijando los ojos en el tapete de complicados dibujos bajo sus pies, los dedos aferrados al borde de su vestido.

Sintió la mirada de Romina sobre ella. Romina sonrió, con los labios apretados, y dijo:

—No te preocupes, hay chicas jóvenes que aún no maduran, así que cometen errores. Yo ya tengo mis años, no voy a ponerme a discutir con niñas.

Gisela giró el rostro y se topó de lleno con la mirada de Romina: una mezcla de burla y falsa compasión.

—Gisela, a tu edad deberías concentrarte en prepararte para el examen de ingreso universitario, buscar una buena universidad. No te llenes de problemas innecesarios. Eres joven, si tienes dudas, pregunta.

Romina suspiró, como si de verdad sintiera pena.

—Gisela, sé por qué viniste. Pero lo que pasó en la escuela será tu castigo por ahora. Después de esto, dedícate a estudiar, y yo no volveré a tomarlo en cuenta.

—Gisela, cuando uno se equivoca, lo correcto es pedir perdón. Ándale.

Todos en la sala la observaban, esperando en silencio su disculpa.

Gisela cerró los ojos un instante. Al abrirlos, ya había tomado una decisión.

Se puso de pie, caminó con paso lento hacia Romina. Las manos le colgaban nerviosas a los lados, apretando la tela ligera de su vestido.

Bajó la mirada, estaba a punto de hablar cuando la voz de Nelson resonó, grave y tajante:

—Levanta la cabeza y discúlpate.

Las manos de Gisela temblaron apenas, pero obedeció. Alzó el rostro y miró directo a los ojos de Romina.

Nunca antes le había costado tanto abrir la boca. Sentía como si los labios se le hubieran sellado con pegamento.

La mujer que tenía enfrente era la responsable de la muerte de su hija, la que la había orillado al abismo, la ladrona que había usurpado la identidad de Paloma.

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