Gisela tenía la frente empapada en sudor, todo porque al abordar el avión aún llevaba puesto su abrigo grueso. Durmió durante todo el vuelo de regreso y solo abrió los ojos cuando aterrizaron. Ahora, en su país, seguía siendo pleno verano, así que en cuanto despertó, el calor la envolvió y el sudor comenzó a correrle por la frente. Sentada en su asiento, se quitó el abrigo con rapidez.
—¿Todavía no has comido? —preguntó la mujer policía.
—No, voy a comer en casa —respondió Gisela.
La policía le dio unas palmadas en el hombro.
—¿Aún quieres ver a Rubén? Te advierto, hace un par de días nos pidió que no te permitiéramos verlo.
La oficial pensó que vería decepción o arrepentimiento reflejados en el rostro de Gisela, pero no. Gisela mantenía la misma calma de siempre, el mismo semblante sereno.
—No importa —contestó Gisela con naturalidad—. Esta vez no vine para verlo.
La policía la miró un poco sorprendida.
—¿Entonces vienes a presentar una denuncia?
Gisela sonrió, tranquila.
—Algo así. Pero antes quiero saber una cosa: ¿es cierto que Romina vino aquí hace unos días?
La oficial rodeó sus hombros con un brazo mientras ambas se sentaban en una de las bancas del vestíbulo de la comisaría.
—Sí, vino. Pero tú lo sabes, antes ya habíamos investigado la relación entre Romina y Rubén, y la verdad es que no encontramos nada extraño.
—Vengo justo a hablar de eso —afirmó Gisela.
Sacó su celular, buscó los mensajes y documentos que Lola le había mandado sobre las transferencias bancarias y la información básica del fideicomiso.
La oficial no entendía bien a qué iba todo aquello.
Gisela entonces le contó detalladamente todo lo que había descubierto en los últimos días. Mientras hablaba, los ojos de la policía se iban abriendo poco a poco, sorprendida.
Cuando terminó, el rostro de la oficial adquirió una expresión seria, de preocupación.
—Si esto es como dices, el fideicomiso puede ser una prueba indirecta de que hubo negocios ilegales entre Romina y Rubén. Eso significa que ambos serían responsables de lesiones dolosas, y el asunto va mucho más allá de un simple error médico. Además, lo que hicieron con sus dos hermanos menores también es ilegal y debe ser investigado.
—Pásame toda esa información, por favor —añadió la policía—. Aquí en la comisaría vamos a revisar cada cosa con calma, puede que tome tiempo, pero te avisaremos en cuanto tengamos resultados.
Sin perder tiempo, Gisela le envió todos los documentos y mensajes, incluyendo aquellos donde Romina le pedía a Alejandra que hiciera el trabajo por ella.
—Listo, aquí tienes todo. Muchas gracias por tu ayuda.
—De nada. Mejor vete a descansar por ahora.
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