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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 698

Hace poco, Rubén le había prometido que no vería a nadie.

Sin embargo, hace apenas unos días, le confesó que se había reunido con Gisela.

No solo se habían encontrado, sino que Gisela ya había averiguado todo sobre Nicolás y Lola. Incluso había amenazado a Rubén con delatar a Romina usando los títulos y la documentación escolar de Nicolás y Lola.

Romina no se lo esperaba en absoluto.

Siempre pensó que su plan era perfecto, que nadie descubriría que Nicolás y Lola se habían cambiado el nombre y estaban estudiando en el extranjero, pero Gisela la había puesto contra la pared de un solo golpe.

Cuando escuchó a Rubén decirle eso, Romina sintió una punzada de pánico. De verdad tenía miedo de que Gisela descubriera algo, y temía aún más que Rubén, acorralado por las amenazas, la delatara.

Por suerte, Rubén la citó en la comisaría para hablar. Eso solo podía significar que aún había margen para negociar.

En su último encuentro, Romina se encargó de asegurarle varias veces a Rubén que haría todo lo posible para proteger a Nicolás y Lola. Rubén, después de dudar un poco, terminó por confiar en ella y rechazó la propuesta de Gisela, negándose a delatarla ante la policía.

Sin embargo, Romina no bajó la guardia en ningún momento.

Alguien le avisó que Gisela había ido a Santa Clara, el lugar donde vivían Nicolás y Lola. No había que pensarlo mucho: Gisela claramente iba a investigar el asunto.

En cuanto supo la noticia, Romina no perdió el tiempo y llamó de inmediato a Nicolás y Lola.

Tal como imaginó, Gisela sí había ido a buscarlos a la escuela, y los había amenazado con denunciar su verdadera identidad ante la institución.

Cuando Romina escuchó esto, sintió como si una serpiente venenosa, que llevaba tiempo acechando en la oscuridad, finalmente comenzara a enrollarse en su cuerpo, apretando cada vez más, lista para asfixiarla.

Estaba tensa, asustada, pero, con la misma insistencia que usó con Rubén, trató de convencer a Nicolás y Lola: les rogó que no creyeran ni una sola palabra de Gisela.

Por fortuna, tras convivir varios años, Nicolás y Lola seguían confiando más en Romina y escucharon lo que les pidió.

Aunque Rubén, Nicolás y Lola la habían elegido a ella, Romina no podía quitarse de encima esa mala corazonada.

Ese presentimiento empeoró cuando, después de colgar, Gisela no volvió a responderle el teléfono.

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