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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 711

Saúl no podía creer que Romina fuera capaz de hacer las cosas de las que Gisela hablaba.

Sin embargo, durante todo el camino de regreso a casa, las palabras de Gisela y Delia no dejaban de dar vueltas en su cabeza.

—Pero yo creo que ella no sería capaz de hacer algo así, va contra sus principios...

—Yo tengo pruebas, fue ella quien lo hizo.

—Ella le transfirió dinero a los hermanos de Rubén... Estos registros de transferencia son pruebas contundentes.

—Aquí tengo la constancia de que abrió un fondo fiduciario en el extranjero...

Esas frases giraban y giraban en su mente, y aunque Saúl trataba con todas sus fuerzas de no pensar en ello, no podía evitar que volvieran una y otra vez.

Eso hizo que Saúl arrugara la frente cada vez más, sintiendo cómo la rabia le subía del pecho a la cabeza.

Normalmente, cuando conducía y se topaba con conductores que no respetaban las reglas y se metían a la fuerza, ni siquiera se molestaba. Pero ese día, al ver a esos conductores imprudentes, su paciencia estalló, y por poco no se bajó del carro para reclamarles.

Esa furia lo acompañó incluso cuando llegó a su casa. Estacionó el carro, pero no bajó de inmediato. Sacó su celular y se quedó mirando el contacto de Romina en la agenda.

Dudó.

Como doctor, tenía muy claras sus obligaciones y principios profesionales.

No podía negarlo: aunque no quería creer en lo que Gisela decía, las palabras de ella habían sembrado la duda respecto a Romina.

Quería preguntarle directamente, y estaba seguro de que si Romina le decía que no, él le creería de inmediato y no la volvería a poner en duda.

Pero dudaba porque sentía que ni siquiera debía sospechar de Romina.

...

Después de unos minutos tratando de tranquilizarse, Saúl decidió llamar a Romina.

Solo entonces notó que seguía en el estacionamiento subterráneo, donde no había señal, así que la llamada no entró.

Saúl soltó una risa resignada y salió del carro.

Al entrar a casa, se quitó la chaqueta y de inmediato volvió a marcar el número de Romina.

Pasó casi un minuto antes de que la llamada fuera contestada.

—¿Saúl, necesitas algo? —la voz de Romina sonó baja y un tanto apagada.

Saúl se quedó callado un segundo, sorprendido por el tono de Romina.

—¿Estás cansada, Romina?

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