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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 712

Después de un largo silencio, la voz de Saúl llegó ronca y cansada:

—Romina, discúlpame… pero quiero escuchar lo que tú tienes que decir…

Romina no respondió de inmediato. El silencio en la línea se extendió tanto, que la culpa empezó a apretar el pecho de Saúl, ahogándolo.

—No lo hice.

La voz de Romina era baja, suave, pero cada palabra pesaba como si cayeran piedras en el corazón de Saúl.

—¿De verdad piensas que yo sería capaz de algo así? Nos conocemos desde hace años. ¿Tú no sabes ya cómo soy?

Saúl apretó el celular, sintiendo un calor incómodo en la palma. Su respuesta se escapó apenas Romina terminó de hablar.

—Te creo. Si tú lo dices, yo te creo.

La voz de Romina se mantuvo tranquila, aunque por dentro temblaba:

—Saúl, nunca pensé que dudarías de mí solo por lo que Gisela te dijo.

Saúl bajó la cabeza, la voz apenas un susurro:

—Perdóname…

Romina soltó un suspiro tan leve que casi no se escuchó al otro lado de la línea.

—No pasa nada. Solo te pido que no lo vuelvas a hacer, ¿sí?

Saúl apenas pudo contestar:

—Está bien…

—Bueno, ¿puedo colgar entonces? —preguntó Romina, con un tono tan suave que dolía.

El celular, frío y sin vida, de pronto quemaba en la mano de Saúl. Tartamudeó, tratando de sonar natural:

—Sí… cuídate. Aunque estés ocupada estos días, trata de descansar un poco, ¿sale?

—Sí, gracias —respondió Romina, y colgó.

Saúl bajó el celular y, dominado por la vergüenza, apretó el puño y lo golpeó contra el mueble del recibidor.

La rabia lo carcomía por dentro.

No podía creer que se hubiera dejado llevar por las palabras de Gisela y, peor aún, que hubiera dudado de Romina.

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