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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 78

Eliana soltó una risita y dijo:

—Gisela, sé que estabas desesperada por dejar en ridículo a mi Romina, por eso te lanzaste a acusarla de plagio en el aniversario de la escuela.

—Pero seguro nunca te imaginaste que la autora original de “Anhelo”, Paloma, es mi Romina. Al final, querías humillar a alguien, pero quien terminó humillada fuiste tú.

En cuanto terminó de hablar, el salón estalló en carcajadas y burlas.

—La señorita Romina es una persona generosa, con una gran educación y súper amable. Nos cae tan bien que ni tiempo nos da de envidiarla. Pero hay quienes, por pura envidia, solo quieren hacer un relajo. Al final, ni logró lo que quería y encima todo el mundo ya se dio cuenta de que es una resentida de lo peor.

—¿A poco no? Y todavía se anda metiendo de tercera en la relación de los demás, qué bajo cayó. ¿De verdad no se da cuenta que él solo tiene ojos para Romina, que ni la voltea a ver?

—Por favor, ojalá algún día entienda que no hay punto de comparación entre ella y Romina. Ni siquiera le llega al uno por ciento en lo buena persona que es Romina.

Gisela bajó la cabeza y, con gesto sereno, fue sacando sus libros del bolso y acomodándolos en la mesa.

Antes, habría respondido de inmediato.

Pero ya no.

En los últimos días habían pasado tantas cosas que comenzó a ver con claridad la distancia entre ella y la familia Tovar, y también con Nelson.

Ahora mismo, ya no tenía la fuerza para enfrentarse a la familia Tovar, ni mucho menos a Nelson.

Que digan lo que quieran.

Los prejuicios de la gente pesan como una montaña sobre los hombros. Demasiado pesados para intentar atravesarlos.

Bajó la mirada y, en silencio, sacó su pluma y empezó a escribir en su cuaderno.

No pasó mucho tiempo antes de que sonara la campana del inicio de clase.

La primera clase del día era biología, pero quien entró fue la profesora de literatura, que además era la tutora del grupo.

El semblante de la profesora estaba cargado de tensión, los labios apretados, y al entrar aventó el libro que llevaba bajo el brazo sobre el escritorio.

En ese instante, el salón quedó en completo silencio. Nadie quería ser el blanco de su enojo.

La tutora habló con voz grave:

—Todos saben lo que ha pasado últimamente en la escuela. Es algo serio, muy serio, y está dañando la reputación de nuestra institución.

Al decir esto, sus ojos pasaron fugazmente por el lugar donde estaba sentada Gisela.

Los compañeros, atentos a la mirada de la profesora, la siguieron y sus ojos brillaron con ese entusiasmo morboso de quien espera un escándalo.

La profesora, con el ceño fruncido, tosió unas cuantas veces.

—Silencio. No he terminado de hablar.

Al decirlo, le lanzó a Gisela una mirada cargada de desprecio y molestia.

—Aunque se canceló la expulsión, eso no significa que no habrá consecuencias.

Gisela levantó la vista y la miró directo a los ojos, con una calma que sorprendía.

—Voy a anunciar la decisión que tomaron la dirección y la junta directiva.

—La escuela ha decidido transferir a la estudiante Gisela del grupo de excelencia al grupo regular, el Grupo 7. El cambio es efectivo hoy mismo.

El salón explotó en aplausos y vítores.

—¡Por fin, Gisela se va!

—El grupo de excelencia es donde están los mejores maestros y los mejores recursos de la escuela. El Grupo 7 es para los que siempre están al final, ahí ni los maestros son buenos. Gisela ya está acabada, mejor que vaya pensando en repetir el año.

—Para que lo entiendan claro, eso es como si la hubieran degradado.

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