Gisela asintió levemente y se acercó para sentarse.
—Gracias.
Patricio, que ya la esperaba, estaba sentado frente a ella. Hizo una seña al mesero del privado para que le entregara el menú a Gisela.
Gisela notó al instante el destello de sorpresa en los ojos de Patricio al verla.
Patricio sonrió y dijo:
—Señorita Gisela, ya he pedido algunos platillos, pero revise el menú y pida lo que guste.
Gisela echó un vistazo al menú y se dio cuenta de que Patricio había elegido casi puros platos muy condimentados. Ella aún estaba cuidando su salud, así que prefería evitar la comida pesada. Terminó pidiendo un par de platillos más suaves y una sopa.
Cuando terminó, le devolvió el menú al mesero.
Era la primera vez que Gisela asistía a una cita arreglada. No tenía la menor idea de qué decir, y el ambiente en el privado se sentía un poco incómodo.
Patricio la miró, aclaró la garganta y de pronto soltó:
—La verdad, esta no es la primera vez que te veo.
Gisela, intrigada, preguntó:
—¿Ya nos habíamos visto antes?
Patricio asintió con una sonrisa cálida y su voz sonó tranquila:
—Te vi en una conferencia de tecnología hace tiempo. Yo estaba ahí por un amigo, y al final, cuando la mayoría ya se iba, te vi de lejos entre la gente. Llevabas un vestido negro, igualito al de hoy.
Gisela no tenía mucha experiencia en este tipo de encuentros. Contestó, algo seca:
—Supongo que el destino quiso que coincidamos otra vez.
Patricio sonrió aún más, y le preguntó:
—¿Es la primera vez que vienes a una cita de este tipo, señorita Gisela?
Gisela titubeó un poco antes de responder:
—¿Se nota mucho?
Patricio apenas pudo contener la risa:
—Sí, se nota bastante. Pero no te preocupes, solo estamos platicando, no hay por qué estresarse.
Gisela no se sentía nerviosa, pero sí un poco fuera de lugar.
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