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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 838

Xavier estaba demasiado cerca. De verdad, demasiado.

Gisela no pudo evitar tensarse un poco, apretó los labios y bajó la mirada. De repente, sintió el roce inesperado de algo suave en sus labios. Su expresión se congeló por un instante, y notó que la mano de Xavier, que la sostenía, también se puso rígida.

Levantó la vista con cautela y se topó con los ojos de Xavier, fijos en ella, como si quisiera decir algo pero se contuviera. Había un dilema evidente en su mirada.

El silencio llenó el carro. Gisela sintió la intensidad en el aire, mientras la mirada de Xavier bajaba lentamente hasta detenerse en sus labios.

Pudo ver claramente cómo la garganta de Xavier se movía cuando tragó saliva.

El corazón de Gisela dio un pequeño brinco, y la calidez en sus mejillas fue subiendo poco a poco.

No soportando más esa tensión, retrocedió un poco y apartó la mano de Xavier con un movimiento torpe.

Su mente se llenó de confusión, así que soltó cualquier cosa que se le ocurrió:

—¿Acaso quieres que me asfixie?

En cuanto lo dijo, se arrepintió. Hasta un niño pequeño se habría dado cuenta de que solo estaba tratando de desviar la atención.

Con el remordimiento a flor de piel, levantó la mirada de nuevo para descubrir la reacción de Xavier.

Él seguía mirándola fijamente, ahora alternando entre su cara y... sus labios. Había algo ardiente en la forma en que la observaba.

El calor en las mejillas de Gisela se intensificó, así que giró la cabeza, tratando de ocultar su vergüenza.

Pasaron unos minutos en silencio. Poco a poco, el rubor en su rostro se desvaneció y el ambiente ya no se sentía tan extraño ni incómodo como antes.

Pero justo cuando pensó que todo volvía a la normalidad, Xavier se acercó de nuevo.

—Gisela...

La voz de Xavier era suave, pero hizo que el corazón de Gisela diera otro salto.

—¿Qué pasó?

Él la miraba de cerca, sin apartar la vista ni un segundo.

La intensidad de su mirada la hizo sentir incómoda otra vez. Gisela intentó apartarse, apretó los labios y se recargó en el asiento.

La mirada de Xavier estaba tan cargada que Gisela no pudo evitar inquietarse y, molesta, le soltó:

—¿Qué te pasa, Xavier? ¿Qué piensas hacer?

Xavier la miraba directo a los ojos y, poco a poco, una sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios.

Esa sonrisa... daban ganas de pegarle.

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