—Está bien, ¿y de qué quieres platicar? —preguntó Xavier.
Matías cruzó los brazos, con una sonrisa traviesa en los labios.
—En seis días es mi cumpleaños. Estoy pensando hacer una fiesta en Puerto Neblina y quiero invitarte.
—Pero si tú andas por aquí, ¿por qué no haces la fiesta aquí mismo? —Xavier lo miró curioso.
Matías alzó una ceja, con esa mirada suya que siempre escondía algo.
—¿Qué, tienes algún asunto por allá? —insistió Xavier.
—No es eso —Matías, que siempre se mostraba abierto y directo, en ese momento parecía algo incómodo—. Es que conocí a una chava que trabaja en Puerto Neblina. Me late bastante, la verdad, y hasta quedé con ella en vernos otra vez. Como mi cumpleaños ya viene, pensé que era la excusa perfecta para invitarla.
Xavier soltó una carcajada.
—Va, hermano, cuenta conmigo. Te apoyo.
Matías asintió, satisfecho.
—Luego te paso la dirección y todo. Yo cubro tu vuelo y el hotel.
—¿Y quién dijo que sí voy a ir? —Xavier lo miró con una sonrisa burlona.
Matías abrió los ojos, fingiendo estar ofendido.
—¿Cómo que no? ¿No que muy hermano? ¿O tienes algún compromiso ese día?
—La verdad, ahorita no tengo nada —admitió Xavier, encogiéndose de hombros.
—Entonces, ¿por qué no vas?
Xavier sonrió de medio lado.
—Depende de Gisela. Si ella puede, voy. Si no puede, pues ni modo.
Matías arqueó una ceja.
—¿La quieres llevar contigo?
Xavier le lanzó una mirada.
—¿Y tú no la vas a invitar?
—Claro que sí. Si ella puede, por mí no hay problema. De hecho, quiero conocer a la mujer que te trae loco.
Xavier agitó el vaso de whisky en la mano y sonrió.

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