Los días siguientes al accidente transcurrieron en una calma ficticia dentro de la mansión. Enrique continuaba con su papel de esposo abnegado, pero para mí todo había cambiado drásticamente; ya no podía mirarlo con los mismos ojos de sumisión.
Detrás de sus atenciones falsas, solo veía al monstruo capaz de dejarme en la calle absoluta y arrebatarme a mi hija sin piedad.
Intenté buscar asesoría legal de forma discreta para tramitar mi divorcio, pero la realidad de mi situación me golpeó con fuerza.
Parece ser que todos los bufetes de la ciudad le temen al poderoso apellido Thompson. Comprendí entonces, que estaba totalmente sola, pero no voy a ceder. Yo también puedo jugar.
—Si no puedo destruirlos mediante un juzgado, lo haré frente a toda la sociedad —me juré frente al gran espejo de mi tocador.
Decidí que la mejor estrategia para romper su máscara de perfección era mostrarle al mundo entero quién era realmente Enrique Thompson.
Por eso, elegí la lujosa fiesta que él había organizado esa misma noche en la mansión para celebrar mi cumpleaños como el escenario perfecto. Era el momento ideal para que mis enemigos entendieran que la mujer sumisa a la que tanto despreciaban había muerto en la carretera.
Me tomé mi tiempo para arreglarme, decidida a que mi apariencia reclamara el respeto y el poder que por derecho me correspondían.
Mi silueta alta y curvy lucía imponente en un vestido de satén negro ceñido que abrazaba mis curvas pronunciadas con absoluta elegancia, y hacía un contraste perfecto con el tono trigueño radiante de mi piel.Dejé mi largo cabello negro semi ondulado suelto, cayendo con un volumen natural y sensual sobre mis hombros desnudos.
Un maquillaje ahumado enfatizaba mis expresivos ojos cafés, mientras que un labial rojo encendido destacaba mis labios gruesos y carnales con atrevimiento. Ya no era la esposa avergonzada de su cuerpo; era una mujer hermosa que se sabía dueña de su propio destino.
—Te ves como una reina, mami, eres la más hermosa del mundo entero —afirmó Lorena, entrando a mi habitación con un tierno vestido blanco.
—Gracias, mi hermosa princesa, hoy caminaremos juntas y nadie podrá hacernos daño —respondí, dándole un suave beso en la mejilla.
Tomé la pequeña mano de mi hija y caminé con paso firme hacia el gran pasillo principal que conducía a la escalinata.
Al asomarme, contemplé el vestíbulo repleto de inversionistas, socios comerciales de la constructora y miembros de la alta sociedad que charlaban animadamente. Sostuve la mirada en alto, respiré profundamente y comencé a descender los escalones de mármol con una gracia que emanaba pura autoridad.
Un murmullo ensordecedor recorrió la planta baja y todos los presentes se quedaban con la boca abierta al presenciar mi imponente aparición.
Los hombres devoraban mis curvas con la mirada y las mujeres cuchicheaban con envidia, impactadas por la radiante seguridad que mi presencia proyectaba. Disfruté el impacto de mi transformación; ya no era la ballena de la que se burlaban, sino el centro de atención.
Rebeca, quien también estaba en la fiesta vistiendo un ceñido atuendo verde, no pudo disimular sus celos al verme acaparar las miradas.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: DESECHADA Y TRAICIONADA: AHORA SOY LA OBSESIÓN DEL MAGNATE R