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DESECHADA Y TRAICIONADA: AHORA SOY LA OBSESIÓN DEL MAGNATE R romance Capítulo 5

Desde aquella noche en el club, nada volvió a ser igual.

Los clientes que antes me miraban como si fuera un objeto de vitrina, ahora apartaban los ojos cuando me acercaba a sus mesas. Nadie me tocaba. Nadie me decía nada fuera de lugar. Hasta Marcus, que siempre tenía una orden a medio gritar en la punta de la lengua, se había vuelto amable de una manera que me ponía los pelos de punta.

No era respeto. Era miedo. Y el miedo de ellos tenía nombre: Nikolái Ivanoff.

Busque información sobre el, esa misma semana. Primero aparecían los artículos de negocios, las fotos en eventos de gala, el empresario ruso con más propiedades en Chicago que muchos bancos. Luego salían reportes que me alarmaban.

Mafia rusa. Red internacional. Nombre intocable.

¿En qué clase de lío me había metido sin pedirlo? Me preguntaba sin cesar.

Lo peor no era el club. Lo peor era la calle. Cada noche, cuando salía del turno y caminaba las tres cuadras hasta el apartamento, sentía que alguien me seguía. No era paranoia. Era real. Una silueta que se detenía cuando yo me detenía, que doblaba cuando yo doblaba, que desaparecía justo antes de que pudiera verle la cara.

Quise enfrentarlo en su momento, pero preferí ser cautelosa, después de todo mi hija me espera, y por ella tengo que seguir sonriendo.

Al abrir la puerta del departamento. Carmen estaba en la sala, pero la verdadera dueña de ese momento seguía esperándome con los ojos bien abiertos en el sofá.

—¡Mami!

Lorena salió disparada del sofá apenas me vio entrar. Se lanzó a mis brazos con tanta fuerza que casi perdió el equilibrio. La sostuve antes de que cayera y la levanté en el aire, llenándole la cara de besos.

—¿Qué hace mi princesa despierta a estas horas? Mañana tienes clases.

Ella hizo un puchero tan exagerado que terminé riéndome.

—Porque hoy era nuestra noche de chicas. Tú lo prometiste. Dijiste que íbamos a ver una película, comer palomitas y que yo podía escoger cuál.

Sentí una punzada de culpa.

En medio del trabajo... del miedo... y de todo lo que estaba intentando reconstruir, había olvidado mi promesa.

Apoyé la frente contra la suya.

—Perdóname, mi amor. A veces tu mamá tiene la cabeza llena de problemas.

Lorena negó con energía.

—No importa. Si estás conmigo, todavía podemos hacerlo.

Carmen se acercó con un plato de comida caliente, y me regaló una mirada cómplice llena de cariño maternal.

—Gracias por cuidar de ella todo este tiempo, Carmen, no sé qué haría sin tu ayuda —le dije sinceramente.

—No tienes nada que agradecer, querida, ve a consentir a tu pequeña —respondió ella dándome un apretón en el hombro.

Subí con Lorena a la habitación de inmediato para empezar nuestra pequeña rutina antes de dormir. Preparé la bañera con agua tibia, llenándola de espuma y patitos de hule para que ella pudiera jugar un buen rato.

—¡El agua está perfecta, mami! —exclamó feliz mientras chapoteaba con risitas contagiosas.

La lavé con calma, disfrutando cada segundo de su alegría genuina en medio de tanto caos. Después la saqué con cuidado, la envolví en su toalla suave y le puse el pijama de estrellitas que tanto le gustaba.

Nos metimos juntas a la cama saqué su libro favorito del estante y comencé a leerle la historia del osito perdido.

LA LLAMADA DEL DESTINO 1

LA LLAMADA DEL DESTINO 2

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