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Despertar del Olvido romance Capítulo 10

Lucas dio media vuelta y regresó al auto sin más palabras, dejando a Anaís inmóvil bajo el sol ardiente de San Fernando. Sus manos se aferraban al manubrio de la bicicleta mientras observaba cómo el lujoso vehículo se perdía entre el tráfico, llevándose consigo la única pista de aquel misterioso ocupante que no se había dignado a mostrar su rostro.

En el interior del auto, Efraín mantenía la vista fija en los documentos que sostenía, aunque su atención estaba puesta en la diatriba de Lucas.

—Me acabo de enterar de todo —espetó Lucas con desprecio—. Otra vez anda celosa por lo de Roberto y Bárbara. Seguro que ahora sí Roberto cancela el compromiso. Se lo tiene bien merecido.

Los dedos de Efraín se tensaron sobre los papeles mientras los recuerdos lo asaltaban sin piedad. La última vez que Roberto había amenazado con romper el compromiso, Anaís se había opuesto con fiereza. Roberto, entre risas crueles, le había dicho que si se lanzaba desde el puente más alto de la ciudad, reconsideraría su decisión. Sin dudarlo un instante, Anaís había saltado. Un mes de hospital fue el precio que pagó para mantener vivo aquel compromiso enfermizo.

"Y ahora Roberto quiere cancelarlo de nuevo...", pensó Efraín, sintiendo un peso en el pecho. "¿Hasta dónde será capaz de llegar esta vez?"

Anaís dejó la bicicleta asegurada, sus pasos vacilantes delataban su agotamiento. Diez mil pesos menos en su cuenta y una sensación de desasosiego que no la abandonaba. La mala suerte parecía perseguirla como una sombra persistente.

El timbre de su celular cortó el hilo de sus pensamientos. Era Fabiana.

—Oye, Anaís, ¿no andas corta de dinero? ¿Por qué no te vienes esta noche a La Luna?

La Luna: el bar más exclusivo de San Fernando del Sol, donde los millonarios competían por ver quién derrochaba más. Una sola noche de trabajo podía significar miles de pesos en propinas.

—¿De verdad se gana tanto? —preguntó Anaís, sin ocultar su interés.

—Anoche saqué treinta mil en puras propinas. Los señores del área VIP son muy generosos. Me toca trabajar esta semana, pero tengo un compromiso para hoy. No quiero desperdiciar la oportunidad, así que si vienes, te cedo el turno.

"¿Treinta mil pesos?". La tentación fue inmediata. Después de conseguir la dirección, Anaís tomó un taxi hacia el lugar.

Su rostro era bien conocido en La Luna, aunque ella lo ignoraba por completo. El acceso funcionaba por reconocimiento facial, y los guardias, bien remunerados, tenían como principal tarea memorizar cada rostro, tanto de miembros como de empleados. Un error podría costarles el empleo si algún cliente importante se ofendía.

Al ver aparecer a Anaís, los guardias intercambiaron miradas de recelo. Esa mujer significaba problemas. La última vez que estuvo ahí, Roberto se había acercado demasiado a una de las meseras, y Anaís le había propinado una bofetada que resonó en todo el lugar. Después, cuando Roberto montó en cólera, ella se había deshecho en disculpas, arrastrándose prácticamente a sus pies.

Uno de los guardias, con un atisbo de compasión en la voz, se dirigió a ella:

Capítulo 10 1

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