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Después de Traicionarme, Ruegas por Mi Amor romance Capítulo 8

—Elio, ya puedes venir a cenar.

Simona acomodó la cena en la mesa. Elio caminó hacia allí arrastrando los pies, vio la comida y murmuró en voz baja:

—No se ven como las que hace mi tía.

—Pruébalas, tal vez te gusten —intentó decirle Simona con toda la paciencia del mundo.

Elio dio un par de bocados y soltó el tenedor:

—Ya me llené.

—Come un poco más, te dará hambre en la noche.

—No quiero. —Elio saltó de la silla—. Quiero esperar a que vuelva mi tía.

Simona sintió que le palpitaban las sienes. Respiró profundo:

—Elio, ¿no te gusta estar aquí con mamá?

El niño la miró a los ojos de forma directa e inocente:

—Pero es que mi tía me cuenta historias divertidas sobre cómo funciona el cerebro y cómo late el corazón. Tú, mamá, solo sabes decirme que esperemos a que vuelva papá para preguntarle.

Simona tembló de impotencia, dándose cuenta de que no tenía forma de rebatirle, ni siquiera sabía qué decirle.

***

La noche avanzaba silenciosa. Acostado en su cama, Elio ya se había quedado dormido.

Su cuerpecito estaba acurrucado bajo una manta con estampados espaciales, y a la luz de la lámpara de noche, su carita lucía sumamente tierna.

Simona observaba su perfil, sintiendo una punzada de ternura y nostalgia en el corazón. Antes de cumplir los tres años, Elio siempre dormía con ella. Se aferraba a aquel cuerpecito regordete que desprendía tanto calor como una estufa pequeñita. A medianoche solía quitarse las sábanas de una patada y, a veces, lloraba sin consuelo. Simona tenía que despertarse varias veces para arroparlo y arrullarlo hasta que volviera a dormirse. Si alguna vez le daba fiebre, pasaba toda la noche en vela a su lado.

En aquella época, aunque terminaba exhausta física y mentalmente, era feliz.

Pero ahora...

Capítulo 8 1

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