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Después de Traicionarme, Ruegas por Mi Amor romance Capítulo 9

En la habitación, doña Domitila, con la muñeca vendada, estaba sentada con rectitud en una silla.

Don Ricardo permanecía medio recostado en la cama del hospital. Aunque estaba algo pálido, se veía de buen ánimo. Julián estaba de pie junto a la cama, y Clara, sentada a un costado, le acomodaba las almohadas a don Ricardo.

—Clara, cariño, esa arpía ya casi llega. ¿Por qué no te escondes un rato? Yo me encargo de ella —dijo doña Domitila, mirando su reloj.

—Estás exagerando, Simona no me va a hacer nada —Clara conservaba su típica sonrisa dócil.

—Si no te va a hacer nada, entonces ¿a qué vino desde tan lejos hasta Suecia? ¡Para mí que viene a armar un escándalo! No le tengo miedo a ella, pero me preocupa que en uno de sus arranques de furia te lastime y salgas perjudicada sin deberla ni temerla.

—No creo que llegue a tanto, además viene con Elio, no se atreverá a hacer ningún teatro —intervino don Ricardo, intentando calmar los ánimos, y luego se dirigió a Julián—: Por cierto, Julián, ayer se vieron, ¿verdad? Supongo que Simona solo vino porque extrañaba al niño.

—Sí, supongo que sí —respondió Julián con rostro inexpresivo.

Con la puerta entreabierta, todas las palabras de la habitación llegaron nítidamente a oídos de Simona. Se limitó a esbozar una sonrisa impotente, y por alguna razón, ni siquiera se molestó. Por un instante, incluso sintió envidia de Clara.

Doña Domitila en verdad la adoraba.

Recordaba que, cuando ella era niña, su propia madre solía preocuparse de que la molestaran en la escuela; le besaba los raspones cuando se caía, y la protegía tras de ella cuando se sentía en peligro.

Pero desde los diez años... nunca nadie volvió a cuidarla así.

—¡Abuelos, tía!

Mientras Simona estaba inmersa en sus recuerdos, Elio, impaciente, ya había empujado la puerta y corrido al interior.

—¡Ay, ya llegó Elio! —Al ver a su nieto, doña Domitila esbozó de inmediato una sonrisa amorosa y abrió los brazos—: ¡Ven acá, deja que la abuela te abrace!

Elio corrió hacia ella y se hundió en su abrazo:

—¡Ay, mi tesoro hermoso, cómo te extrañó la abuela!

—Abuelo, ¿todavía te duele? —preguntó Elio, trepando al borde de la cama con sumo cuidado.

A don Ricardo se le iluminó el rostro:

Capítulo 9 1

Capítulo 9 2

Capítulo 9 3

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