Al llegar para buscar a Eva, la encontró con cara de pocos amigos.
¿Sería otro día difícil? Rogaba para que no fuera así.
—Buenos días, Eva —la saludó.
—Buenos días.
—¿Adónde iremos hoy? —preguntó, poniendo el coche en marcha.
—Iremos a visitar al decorador y a elegir las flores.
—Está bien.
Mientras conducía, no podía dejar de notar que Eva la observaba en silencio, como si estuviera analizando su expresión.
Rafaela había decidido una vez más que no diría nada, a menos que le preguntaran algo.
—¿Viste a Ethan hoy? —por fin preguntó Eva.
—Sí, lo vi en la empresa cuando fui a buscar las llaves del coche —respondió.
—Él me dijo que te quejaste de mí ayer por la tarde —empezó. —Pensé que ya habíamos resuelto nuestro malentendido cuando nos despedimos ayer. ¿Cuál es el motivo para haberte quejado con él?—la cuestionó.
—Solo pensé que debía ponerlo al tanto de lo que pasó —explicó.
—No estás facilitando las cosas, ¿verdad?
—¿Qué quieres decir con eso?
—¿Por qué quieres involucrarlo en un asunto que no es problema de él?
—Trabajo para el señor Smith, así que creo que debo decir que sí, es problema de él.
—¡No lo es! —alzò la voz. —¿Por qué te sientes tan cómoda contándole las cosas a Ethan? ¿Te consideras íntima de él?
—Eva, ¿puedes calmarte? —pidió, al darse cuenta de que ella volvía a alterarse. —Ya dije que mi relación con el señor Smith es solo profesional. Solo conté lo que ocurrió porque, al parecer, mi compañía no está siendo nada agradable para ti.
Eva se quedó en silencio, analizando qué debía hacer. Sabía que, si hacía o decía algo, Ethan volvería a enterarse.
Debía mantener la calma, aún más con el compromiso tan cerca.
—Tu compañía está siendo muy importante para mí, de verdad perdóname por hacerte pensar de esa manera —dijo con voz suave.
El resto del día, Eva terminó comportándose bien, como antes, sin decir nada que ofendiera a Rafaela. Eligió las flores, la decoración y visitó el salón de fiestas.
[…]
Después de otro día agotador, Rafaela llamó a Tácio para avisarle que estaba con el coche y, por ese motivo, no necesitaría que la llevara, ya que también llevaría a Kate a casa.
—Está bien, aun así no olvides decirme si necesitas algo —dijo Tácio.
—Está bien, te avisaré.
Al llegar a su apartamento, cada una fue a su cuarto a ordenar sus cosas.
Kate entró en su habitación y se asustó al ver que todas sus cosas estaban revueltas y tiradas en el suelo.
Asustada, corrió al cuarto de Rafa, que se estaba cambiando de ropa.
—¡Amiga, él estuvo aquí! —anunció.
—¿Qué?
—Ven a ver.
Rafaela acompañó a Kate hasta su habitación y se alarmó al ver todo ese desorden.
—Kate, necesitamos llamar a la policía —anunció.
—No puedo —respondió.
Tomó el celular y le mostró un mensaje que Daniel le había enviado.
«Esta es una muestra gratis, solo para que sepas de lo que soy capaz».
—¿Qué quiere ese desgraciado? —preguntó Rafa indignada. —Dijiste que ayer te pidió disculpas, ¿y ahora invade nuestro apartamento?
—No te conté, pero hoy por la tarde me llamó —confesó.
—¿Y qué dijo?

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