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Destinos Entrelazados: Mi Bebé es hijo del CEO romance Capítulo 109

Por la mañana, el celular de Rafaela no dejaba de sonar, despertándola de un sueño profundo y perturbado.

Al mirar la pantalla, casi sufre un mini infarto. Era Eva.

En el reloj, marcaban las cinco de la mañana. ¿Qué diablos quería esa mujer a esa hora?

—¿Aló?

—¿Por qué el ojo de Ethan está morado? —preguntó Eva, directa, al otro lado de la línea, sin ningún tipo de ceremonia.

—¿Qué? —preguntó confundida.

—Ethan llegó aquí ayer con el ojo hinchado y, hoy, amaneció morado. ¿Qué pasó?

—No lo sé —respondió asustada.

—No seas cínica, Rafaela, es mejor que no me escondas nada. Sé que trabajaron juntos hasta tarde anoche, no puede ser que no hayas visto nada.

—Sí, trabajamos juntos—explicó. —Pero no vi nada extraño, hasta el momento en que estábamos juntos.

Claro que no le contaría a Eva lo que había sucedido; no estaba loca.

Ethan cometía sus estupideces, y todo recaía sobre ella al final.

—¿Crees que soy idiota? —preguntó Eva.

Por más que pareciera nerviosa, la voz de Eva estaba baja. Seguro estaba en el apartamento de Ethan, hablando en voz baja, para que no la escuchara.

—Creo que es mejor que le preguntes a él qué pasó. Ya te dije que no vi nada extraño.

—Me subestimas demasiado, Rafaela, ¿crees que no sé que él te llevó a casa ayer?

—¿Qué? —preguntó sorprendida.

—Te estoy llamando para saber la verdad, pero tú, con tu cinismo, finges no saber nada. Estoy observándote, ¿me oyes?

Al decir eso, Eva colgó el teléfono, dejando una enorme duda en el aire.

¿Qué quería con esa llamada? ¿Y cómo sabía Eva que Ethan la había dejado en su casa? ¿Había enviado a alguien a seguirlo? ¿Y si ella sabía del beso que se dieron?

Esa cantidad de dudas en su cabeza la dejó aturdida por la mañana. Como no pudo dormir de nuevo, fue a la cocina a preparar el café. Había agendado una consulta por la mañana, y estaba confiada en que descubriría el sexo del bebé ese día.

—¡Buenos días!

Tácio entró a la cocina saludándola. Estaba vestido con ropa deportiva.

—Buenos días —respondió ella.

—¿Por qué estás despierta tan temprano? —preguntó preocupado.

—Perdí el sueño, y además, tengo que salir dentro de un rato.

—¿Adónde vas tan temprano?

—Tengo una consulta hoy —tocó su vientre.

Ese pequeño gesto le hizo entender el motivo de la consulta.

—Ah, claro, entiendo —respondió, incómodo.

Aún le costaba procesar en su mente que Rafaela esperaba un bebé, y que el padre no era él.

—¿Quieres que te dé un aventón? Puedo dejarte donde quieras.

—No es necesario, iré en taxi con Kate.

—Está bien —decidió no insistir. —Si necesitas algo, me puedes llamar.

Tácio se dio la vuelta para salir de allí.

—¿Adónde vas? —preguntó, al ver que él estaba a punto de salir.

—Voy a dar una caminata por Central Park.

—Vaya, admiro tu espíritu deportivo.

—También lo hago porque no tengo muchas cosas que hacer los fines de semana en este país.

—¿No has hecho muchos amigos?

—Tengo muchos conocidos, pero ya sabes, soy bastante selectivo con las personas. No me gusta estar con quienes no me interesan.

Tácio se despidió y se fue sin decir nada más.

Podría decir que notó que él estaba un poco diferente, pero decidió no pensar demasiado en eso. Ya tenía muchos problemas, y no quería crear uno más con paranoias en la cabeza.

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