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Destinos Entrelazados: Mi Bebé es hijo del CEO romance Capítulo 113

Fuera un farol o no, sabía que la única persona que perdería con toda aquella exposición sería Rafaela, quien le había confiado su secreto.

Ella no lo perdonaría.

—Eres realmente un hombre sin escrúpulos —dijo Tácio, sentándose en su silla y bebiendo su bebida de un solo trago.

Al ver que el hombre no tendría el valor de hacer lo que había dicho, Ethan se sentó a su lado y comenzó a hablar.

—Siento mucho lo que pasó ayer.

—No quiero escuchar tus disculpas —respondió Tácio.

Tácio intentaba no dejar traslucir su rabia ante las otras personas que estaban cerca observándolos, pero era difícil estar al lado de Ethan y no querer golpearle la cara. Lo odiaba porque, además de ser culpable de todo lo que Rafa estaba pasando, fue Ethan quien hizo que ella dejara de amarlo.

Como Rafaela estaba tardando un poco, Tácio se quedó sin tema y pensó en qué podría decir.

—Tu prometida es muy bonita —comentó.

—Sí, lo es —respondió Ethan.

—Creo que cuando se casen, enseguida tendrán hijos, ¿no es así?

—No será así.

—¿Ah, no? —preguntó curioso.

Tácio quería saber más a fondo hasta qué punto a Ethan no le gustaban los niños, como para no querer tener uno.

—¿Por qué tendría un hijo de inmediato, si podemos disfrutar de nuestra vida de casados? —respondió Ethan.

Claro que no diría abiertamente sus deseos y voluntades a un extraño.

—Por lo que supe, ustedes ya llevan bastante tiempo juntos; pensé que ya habían disfrutado bastante.

—No quiero tener hijos —reveló.

—¿Por qué?

—Porque tengo muchas metas que alcanzar en la vida, y un hijo me quitaría tiempo.

—¿Eso no es un poco egoísta?

—Piensa como quieras —respondió Ethan con seriedad.

—Yo, en cambio, pienso lo contrario —continuó Tácio. —No veo la hora de tener un bebé. Si me pongo a pensarlo un poco, incluso puedo imaginar a Rafaela esperando un hijo mío —comentó.

Ethan no sabía por qué, pero aquella conversación terminó incomodándolo. Imaginar a Rafaela embarazada, y más aún de aquel sujeto, lo dejó sin paciencia.

—Estoy seguro de que ella no piensa así —dijo.

—Tienes razón, ahora mismo no piensa en tener hijos. Pero ya sabes cómo son las cosas hoy en día, de repente pasan —bromeó. —A ella le encantan los niños; estoy seguro de que lo aceptaría sin problema.

Ethan puso los ojos en blanco; no quería pensar en ese tema.

Además de provocar un poco a aquel hombre, la intención de Tácio era dejarle claro a Ethan que, si eso llegaba a suceder, no pensara en ningún momento que el hijo pudiera ser suyo.

—Están tardando, ¿no? —dijo Ethan, intentando cambiar de cuestión.

[…]

Mientras caminaba con Eva por el salón, Rafa se sorprendía por la facilidad que Eva tenía para cambiar de personalidad frente a las personas. Hacía unas horas parecía una víbora al teléfono, pero en ese momento, en medio de toda aquella gente, parecía un conejito delicado e indefenso.

—Esta es mi madre, Jane Thompson.

Eva la presentó a una mujer de mediana edad, delgada, de ojos verdes y cabello rubio.

Cuando la mujer vio a Rafaela, la examinó de pies a cabeza, juzgándola con la mirada.

—Eva me habló tanto de ti, estaba ansiosa por conocerte.

—Es un placer conocerla, señora.

—¿Qué es eso de señora? Puedes llamarme Jane —la corrigió.

No sabía por qué, pero Rafa no estaba disfrutando de aquella conversación.

Sabía que no era una persona del mismo entorno que esas dos, y mucho menos amiga de Eva; aun así, aquellas mujeres intentaban acercarse.

—Sé que eres la secretaria de Ethan; supongo que debe de ser bueno trabajar para él.

—Me gusta trabajar, independientemente de quién sea el jefe —respondió de forma directa.

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