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Destinos Entrelazados: Mi Bebé es hijo del CEO romance Capítulo 120

Los guardias de seguridad entraron en el despacho de Ethan, acompañados de Rafaela.

—¿Qué quiere que hagamos, señor? —preguntó uno de los guardias.

Pero en ese momento, Ethan ya estaba demasiado involucrado en esa historia.

Quería saber cuál era la implicación de Eva en la muerte del hijo por el que tanto había sufrido.

—Pueden retirarse, voy a escuchar lo que ella tiene que decir.

Los guardias se fueron, pero Rafaela permaneció inmóvil.

Quería saber por qué él había cambiado de idea tan rápidamente.

—Tú también puedes salir, Rafaela.

Ella se retiró de allí, curiosa, como si ese asunto también fuera de su interés.

—¿Culpa de Eva? —le preguntó, cuando todos ya habían salido del despacho. —¿Estás loca, acaso?

—No, no lo estoy —dijo ella. —¿Crees que conoces a la persona que está a tu lado? —rió nerviosa. —No te juzgo por odiarme, porque yo también me odio. Pero saber que estás a punto de casarte con esa mujer, que atormentó mi vida hasta el punto de haber hecho lo que hice, me indigna. ¿Por qué ella puede ser feliz y yo no?

—Escucha bien —se acercó a ella. —Di de una vez qué viniste a hacer aquí, o voy a cambiar de opinión y mandar a que los guardias regresen y te saquen de aquí arrastrada.

—Está bien —hizo una pausa. —Me había olvidado de ese tu carácter impaciente.

Ethan caminó hasta la gran pared de vidrio que había en su despacho, que le daba acceso a una vista privilegiada de Nueva York.

Le dio la espalda a Charlotte; mirarle el rostro le provocaba recuerdos dolorosos.

—Después de la última vez que nos vimos, me prometí a mí misma que nunca más querría saber nada de ti. Entonces me mudé a Alabama y comencé a acompañar a mi padre en su tratamiento oncológico.

—¿Tu padre está enfermo? —preguntó curioso.

Ethan había conocido al padre de su exnovia cuando comenzaron a salir. Ambos tenían una buena relación, pero después el señor Wilson se mudó a Alabama y no volvieron a verse.

—Sí, descubrió la enfermedad un tiempo antes de aquello… —dijo ella, refiriéndose al aborto que cometió.

—¿Cómo está ahora?

—Murió hace cinco meses.

La noticia de la muerte del exsuegro lo entristeció; como había dicho antes, le tenía aprecio al hombre.

—Lo siento mucho.

Por más que no le gustara Charlotte, no conseguía ser lo suficientemente inhumano como para no entender que ella debía de estar sufriendo mucho. La única persona que tenía a su lado era su padre y, probablemente, ahora estaba sola.

«Si no hubiera matado a mi hijo, no estaría sola».

Ese pensamiento cruzó su mente, lo que lo hizo volver al asunto que tanto quería saber.

—Pero no me importa lo que hiciste con tu vida ni lo que te pasó —dijo él, ignorándola.

—Está bien, sé que tu reacción sería esa y no te culpo. En aquel tiempo, dejé de decir muchas cosas —dijo ella. —Me enteré de la enfermedad de mi padre algunos días después de descubrir mi embarazo. Quería habértelo contado antes, pero pasaron tantas cosas seguidas que no logré decir nada.

—¿Por qué hiciste aquello?

—Ethan, me arrepiento de eso todos los días, no consigo dormir y, cuando duermo, tengo pesadillas constantes.

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