Era lo único que faltaba; de todas las maneras en que imaginó terminar su noche de viernes, tener a su jefe sentado en el sofá de su sala sería la última que podría imaginar.
El timbre de su apartamento sonó y ella fue inmediatamente a abrir. Era el repartidor, con la pizza que había pedido.
—Muchas gracias —agradeció al hombre, dándole una propina.
Cerrando la puerta, llevó las cosas a la cocina y comenzó a preparar los platos. Mientras esperaba su pedido, había preparado un jugo.
Ella arreglaba la mesa cuando Ethan entró en la cocina.
—Tu cocina no es difícil de encontrar —él dijo, haciéndola recordar la cocina de su apartamento.
—Menos mal que no tuviste que abrir ninguna puerta equivocada —bromeó.
—No me habría parecido nada mal abrir alguna puerta y encontrarme con la misma vista que tú tuviste en mi casa.
La cara de ella se sonrojó en cuestión de segundos. ¿Cómo tuvo el valor de decir aquello?
—Come un pedazo de pizza, aprovecha que aún está caliente. —Dio la espalda para que él no viera su cara de vergüenza.
—¿Hace cuánto tiempo que vives aquí?
—En este apartamento, solo hace ocho meses.
—Nada mal, pero no se compara con el mío.
Esta vez fue ella quien soltó una carcajada bien alta.
—Jamás querría competir con un futuro CEO —respondió.
—¿Por qué el centro de Manhattan? ¿Te gustan los lugares caros?
—No, no me importaba el lugar. Es que conocí a Kate y nos hicimos muy amigas. Ella quería un lugar cerca del centro y apareció esta oportunidad.
—Nada mal. —Ethan se sirvió el primer pedazo.
—¿Dónde vivías antes de venir a trabajar a la empresa? —ella preguntó.
—No tenía un lugar fijo. Me quedaba por ahí, conociendo los lugares que tenía ganas.
—Guau—exclamó. La conversación estaba fluyendo y la tensión de más temprano había pasado. —Debe de haber sido muy difícil para ti tener que venir y asumir tu cargo en la empresa.
—Ya me acostumbré a la idea. Solo la acepto. ¿Saliste de Brasil por causa de Tácio?—allí estaba él de nuevo, provocándola.
—Siempre quise venir a vivir aquí, solo necesitaba un incentivo.
—¿El incentivo fue una patada en el trasero? —preguntó.
—Ya es tarde, es mejor que te vayas —respondió ofendida.
—Mañana es sábado, ¿por qué tienes tanta prisa?
—¡Vaya! ¿Pero no fuiste tú quien dijo que trabajaría?—le recordó lo que dijo a Eva.
—Si realmente quieres, arreglaré algo que hacer.
—Estoy bromeando —respondió rápidamente. —¿Por qué mentiste?
Ethan la miró fijamente por algunos segundos hasta responder.
—Cuando me case con Eva, nos veremos todos los días. Creo que no necesitamos adelantar eso.
—Los ricos son tan extraños —susurró.
—¿Qué es lo que te impresiona?
—Pensaba que si tuviera mucho dinero, no tendría que quedarme con alguien que no me gusta.
—Si eligieras quedarte con quien te gusta, no tendrías dinero —explicó.
—¿Entonces así es como funcionan las cosas?
—Al final, eso no importa. Como dije antes, esa historia de amor es solo un cuento de hadas. Tienes que quedarte con quien te conviene.
—¿La señorita Eva acepta eso tan tranquila?
—Cada uno tiene sus condiciones e intereses. Si ambos están de acuerdo, no hay nada que cuestionar.
—¿Tendrán hijos?

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