—¿Qué pasó? —Al quitarse los zapatos, terminó de entrar en la sala y vio a Tácio sentado en el otro sofá, que quedaba en un punto ciego para quien entraba al apartamento.
Los ojos de ella se agrandaron igual que los de Kate y entonces recapituló la frase que acababa de decir al llegar, pensando si había mencionado nombres.
—Tácio, ¿qué haces aquí? —preguntó incrédula.
—Creí que te debía una disculpa —se levantó al responder. —Sé que no debía aparecer así, pero sentí que hablar solo por teléfono sería incorrecto.
—No deberías venir a mi casa sin avisar —respondió, ignorando la disculpa.
—Rafa, te estoy esperando aquí desde hace horas, ¿eso es todo lo que tienes que decirme?
—¿Qué quieres que diga? —preguntó con el tono alterado. —¿No ves que acabo de llegar? Estoy cansada y quiero descansar un poco. No estoy con ánimos de recibir visitas; deberías llamar antes de aparecer en casa de alguien.
Diciendo eso, lo ignoró, cruzó la sala y entró en su cuarto; al cerrar la puerta, se aseguró de dar un portazo, demostrando lo molesta que estaba.
—Creo que no fue una buena idea haber venido —dijo él, dirigiéndose a Kate.
—No parece estar en un buen día —dijo Kate, intentando suavizar el ambiente.
—Perdón por el inconveniente. Gracias por recibirme. Fue un placer conocerte, Kate, espero que me perdones por tomar tanto de tu tiempo.
—El placer fue mío. Entiendo ahora por qué Rafa siempre hablaba tan bien de ti.
—Creo que ahora ya no piensa tan bien de mí como antes —respondió triste. —No la culpo, fui un idiota la última vez que nos vimos.
—Eso no interfiere en la importancia que tuviste en su vida. Apuesto a que pronto volverán a llevarse bien.

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