Decidida a hacer de la estadía en Japón la más agradable e inolvidable que pudiera existir, Rafaela decidió intentar no pensar en lo que ocurriría al día siguiente; solo viviría aquel momento. El último día de estadía en Japón había llegado, y Ethan fue invitado a una fiesta. El lugar estaba lleno de paparazzi y reporteros, entonces los dos se controlaron delante de los demás, pero cuando la fiesta terminó, decidieron aprovechar la última noche en el país, ya que viajarían de madrugada.
—¿Adónde quieres ir? —él preguntó.
—No sé, hay tantos lugares bonitos por aquí que ni tengo idea.
—¿Qué tal si vemos todos?
—¿Cómo así?
Ethan no respondió nada, solo habló con el guía y pidió que los llevaran al Tokyo Skytree.
Cuando llegaron al lugar, ella entendió lo que él quiso decir con ver todos los lugares, ya que estaban en la torre de 634 metros de altura, que proporcionaba la vista panorámica de toda la ciudad de Tokio.
—Esto es demasiado perfecto —dijo ella, contemplando las luces de neón de la ciudad.
—Espero que no te olvides de los buenos días que pasamos aquí —se acercó por detrás y susurró en su oído, dejando un beso en su cuello.
Esa sensación de estar tan cerca y de saber que podía quedarse de ese modo, sin miedo de ser vista por alguien, la dejaba cómoda.
Espera, ¿qué estaba pensando?
No podía sentirse cómoda con aquello y mucho menos gustarle esa sensación.
—Todo fue muy bueno, pero no quiero recordarme de esto a partir del momento en que entremos en el avión —respondió.

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