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Destinos Entrelazados: Mi Bebé es hijo del CEO romance Capítulo 55

Ya casi era la hora de salida del trabajo; aun así, Ethan todavía estaba en su oficina. No quería salir de allí, pues sabía que si iba a casa encontraría a Eva, que lo aguardaba llena de conversaciones y exigencias. Los dos llevaban saliendo bastante tiempo y todo iba bien, ya que la mayor parte de la relación siempre fue a distancia. Sin embargo, él sabía que no podría prolongar el noviazgo para siempre; primero dio la excusa de los estudios. Siempre estaba ocupado para ella, ya que estaba haciendo su posgrado en otro país; después, el nuevo cargo en la empresa de su padre, que por más que intentó evitar, tuvo que venir a ocupar.

Sentado en la enorme silla de su oficina minimalista, intentaba entender cómo había llegado hasta ese punto. Su vida era tan buena y sin preocupaciones y, en cuestión de meses, todo se puso de cabeza. Mirando la pantalla del ordenador, veía por las cámaras de seguridad a su secretaria, que parecía estar guardando sus cosas para irse a casa.

La vida de ella parecía tan tranquila. Parecía que Rafaela no tenía ningún problema en la vida.

¿Por qué su vida no podía ser de ese modo también?

Por más que no lo demostrara, se sentía bien a su lado, pues Rafa le hacía recordar el tiempo en que no necesitaba preocuparse por nada. Cuando todavía era ingenuo al punto de confiar en las personas.

¿Por qué ella despertaba esos sentimientos en él? Si ya había comprobado en carne propia que las personas no valían la pena.

Había dado todo de sí hace algunos años y todo lo que recibió a cambio fueron el desprecio y las duras palabras de la mujer que más amó en el mundo.

«Tú no eres lo suficientemente fuerte para protegernos, y tener un hijo tuyo será un castigo. Ese niño solo sufriría en el mundo, hice esto pensando en el futuro de él y en el mío.»

Recordar las escenas que presenció lo hizo dejar de creer en el mundo y en su capacidad de realmente poder proteger a alguien indefenso, que fue víctima de una persona codiciosa.

Intentó olvidar aquello, enfocándose nuevamente en la pantalla del ordenador, donde observaba a Rafaela.

Tomando su celular, miró las fotos que habían sacado en Japón y se las envió y, por la pantalla del ordenador, la observaba, esperando ver cuál sería su reacción.

[…]

Rafaela estaba apagando su ordenador cuando escuchó el sonido de notificación en su celular. Al ver el nombre de Ethan, temió lo que él pudiera querer a aquella hora, aunque pensara que ya debía haberse ido a casa. Al abrir el mensaje, se sorprendió al ver las fotos que habían sacado en Japón. Una pequeña sonrisa brotó en sus labios, pues las fotos habían quedado bien, a pesar de que él las tomó cuando estaba borracho. Deslizando hacia un lado, viendo cada una, se detuvo en la selfie que los dos habían sacado juntos.

¿Borrar la foto o no? Se preguntó.

Aprovechó que estaba sola allí, con el celular en la mano, mientras hacía zoom en el rostro de Ethan, apreciando cada parte perfecta de su hermoso rostro, y admitía mentalmente que estaba completamente enamorada de él.

—¿Entonces ese es mi destino, amar y nunca ser amada? —susurró.

No importaba dónde estuviera ni para quién trabajara, parecía que siempre sería así.

Tomando su bolso para salir de allí, se asustó con la puerta de la oficina de él abriéndose.

—¿Ya vas a casa? —él preguntó.

—Sí —respondió asustada, bloqueando rápidamente el celular, temiendo que él viera lo que estaba haciendo.

—¿Qué vas a hacer para la cena?

—¿Qué? —lo cuestionó sin entender.

—¿Qué vas a hacer esta noche para cenar?

—No sé, hoy es el día en que Kate cocina.

—Para mí está perfecto, acepto lo que haya —respondió.

—¿Qué estás intentando hacer?

—Voy a cenar con ustedes.

—¡No vas! —respondió rápidamente.

—¿Por qué?

—¿Por qué mi jefe querría ir a comer a mi casa? —preguntó.

—¿De verdad vas a negarle un plato de comida a tu jefe?

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