Eva empezó a pensar en un montón de teorías, pero recordó que Rafaela tenía un prometido y sería una gran falta de carácter por parte de ella insinuarse con su jefe.
¿O lo haría?
—¿Qué tiene de diferente tu secretaria para que quisieras seguir trabajando con ella?
—Es eficiente —respondió, notando que Eva ya estaba creando cosas en su cabeza. —Su currículum es excelente como para ser despedida de nuestra empresa.
—Si tú lo dices —desdeñó.
—No intentes persuadirla nuevamente, ¿me oyes, Eva? No quiero que ustedes dos tengan ningún tipo de contacto.
—Eres tan desconfiado.
—La desconfianza aquí no viene de mi parte, sino de la tuya. Vives queriendo seguir mis pasos, como si yo fuera la persona equivocada de la relación.
—Solo me estoy asegurando de que el hombre con el que voy a casarme actúe correctamente.
—Si desconfías tanto, ¿por qué no terminas? —preguntó, con la esperanza de que ella aceptara eso.
—¿De verdad crees que después de perder casi cuatro años de mi vida contigo, terminaría nuestra relación sin ningún motivo?
—Sabes que hay motivos —le recordó.
—Ethan, si se trata de no tener hijos, ya estoy conformada con eso. —Se levantó de la silla, caminó hasta él y se sentó en su regazo. —En estos días que estuve sin verte, lo pensé bien y sé que te amo lo suficiente como para querer pasar toda la vida a tu lado. Solo nosotros dos ya es suficiente, por eso acepto tus términos y quiero marcar la fecha de nuestro compromiso, sin pensar en las consecuencias que vendrán después.

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