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Devuélveme lo que es Mío romance Capítulo 8

Patricio le lanzó una mirada rápida:

—Dáselas a ella.

Omar se quedó helado, mirando a la única mujer presente en la habitación.

—¿A la señorita Jazmín?

La mirada de Patricio se volvió de hielo y Omar tembló de pies a cabeza.

Estaba frito, había hecho una pregunta muy estúpida.

Y, de paso, acababa de descubrir un secreto colosal.

Su jefe, el impecable Señor Herrera, ¡había sido infiel!

Y para rematar, la amante no era otra que la segunda señorita de la familia Mendoza.

A Omar le temblaron los labios. Ni siquiera podía imaginarse el tremendo escándalo que se armaría si esto salía a la luz.

Tampoco quería imaginar lo mal que dejaría a su jefe parado.

¡Era la propia hermana de la señorita Ximena!

De todas las mujeres en el mundo con las que podía tener un desliz, tuvo que ser con la hermana de su prometida. ¡Santo cielo, menudo chisme se había destapado!

Jamás se imaginó que el Señor Herrera fuera esa clase de hombre.

—Patricio, no me pegues... ya... ya me la tomé. Lo viste con tus propios ojos, ¿verdad? ¿Ya puedes quedarte tranquilo?

Patricio la miró feo, pero Jazmín de inmediato encogió los hombros, fingiendo absoluto terror con la voz temblorosa.

—Ah... Patricio, te lo ruego, no te enojes.

—Haré todo lo que me pidas, lo que sea, pero por favor no me mires así... Me das mucho miedo, perdón.

Omar abrió los ojos como platos y miró a Jazmín con lástima.

¡Qué desgracia! ¡Pobre señorita Jazmín!

¡Su jefe era un completo animal!

Para atreverse a abusar de una chica tan tímida y miedosa.

Y no conforme con no usar protección, la obligaba a tomar pastillas.

¿Desde cuándo el jefe era un ser tan malvado y sinvergüenza?

Por supuesto que Patricio se dio cuenta de la mirada acusadora de Omar.

Dejó escapar una carcajada amarga y se dirigió a Jazmín:

—Jazmín, el mundo del cine se está perdiendo un gran talento contigo.

La mujer era de lo más precavida.

A pesar de que él ya había cedido y aceptado tener una aventura con ella durante un mes.

Ella seguía empeñada en mantener su fachada de víctima inocente ante los demás.

El corazón de Ximena dio un brinco, e inconscientemente recordó al hombre que había visto en la recámara de Jazmín apenas media hora antes.

Y esa corbata tan conocida.

¿Podría ser Patricio?

No, imposible, él no era ese tipo de persona.

A lo largo de todos estos años, lo conocía mejor que nadie.

Patricio era de lo más pulcro, no le interesaban los amoríos de paso y nunca andaba haciendo locuras por ahí.

Por todo lo que pasó con su padre, Patricio le había jurado cara a cara que jamás le sería infiel, y que sentía asco por los infieles.

Por eso no podía ser él.

Él nunca haría algo semejante.

Ximena trataba de autoconvencerse a toda costa.

Pero... ¿y si sí?

¿Y si esa cualquiera sinvergüenza de Jazmín se le había insinuado?

Ximena apretó los puños, se armó de valor y miró directamente al cuello de Patricio.

Para saber si él era el hombre en el cuarto de Jazmín, le bastaba con fijarse muy bien en la corbata que traía puesta.

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