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Diario de una Esposa Traicionada romance Capítulo 1144

Selena había estado sentada por un largo rato antes de finalmente ir al baño. Después de terminar, se limpió y tiró de la cadena. Óscar entró, se inclinó para abrazarla y...

—¡Paf!— Un fuerte sonido resonó cuando una bofetada lo alcanzó de lleno en el rostro.

La mano de Selena temblaba, y su palma se había vuelto roja al instante. En el rostro de Óscar, no solo quedó la marca de la bofetada, sino también un rastro de sangre. Claramente, el golpe había sido impulsado por una gran ira y fuerza. Probablemente Selena había usado toda su energía en ese gesto.

Óscar simplemente se encogió de hombros y la levantó para llevarla nuevamente a la cama. Selena ya no tenía fuerzas para resistir, y sabía que luchar no serviría de nada. No podía liberarse de él.

—Óscar, ¿qué es lo que realmente quieres? —preguntó Selena con desesperación.

Óscar sacudió la cabeza, —No lo sé...

—Sí que lo sabes —insistió Selena, mirándolo fijamente—. Quieres que vuelva a amarte.

Óscar le tomó la mano con suavidad, bajando la guardia por completo. —¿Es posible? —preguntó casi en un susurro.

Selena lo miró por unos segundos antes de responder con una voz cargada de sarcasmo y dolor. —Óscar, ¿me amas?

—Sí —afirmó Óscar con seguridad.

Selena soltó una risa irónica. —Óscar, tú no me amas. Lo que pasa es que no soportas haber perdido el control cuando dejé de amarte.

Óscar intentó negar rápidamente. —No es así...

—Sí lo es —lo interrumpió Selena—. Si realmente me amaras, no me habrías rechazado cuando te confesé mis sentimientos, no te habrías alejado después de ese beso robado, y mucho menos me habrías obligado a firmar ese acuerdo tras nuestro matrimonio.

Selena tomó aire antes de continuar, —Y definitivamente no me habrías forzado a tener un hijo contigo después de nuestro divorcio. Óscar, ¡tú no me amas!

Óscar permaneció en silencio por un largo rato, incapaz de refutar sus palabras. Tal vez Selena había dicho la verdad, o quizás simplemente no encontraba un argumento en su defensa.

—¡Eres un desgraciado! —Leticia exclamó al ver las gruesas cadenas que sujetaban a Selena, su furia creciendo al instante.

Ander se apresuró a sujetarla, temeroso de que el estrés afectara su embarazo.

—Déjame manejar esto...

—¡Cállate! —le gritó Leticia—. Tú estás del mismo lado, no me trates de engañar.

—Si no, ¿por qué tus hombres, que seguían a Selena, permitieron que Óscar la llevara? ¡Esto es una humillación para ella!

Ander vio los ojos enrojecidos de Leticia y se puso aún más nervioso. En esa situación, no se atrevió a dar explicaciones. En Valverde de la Sierra, Óscar tenía el control absoluto. Ander no tuvo más remedio que aceptar la culpa que no le pertenecía.

—Por favor, no te alteres. Todo es mi culpa, así que dame la oportunidad de enmendar mi error, ¿sí?

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