—¿En serio, Selena? No tomaste ni una gota de alcohol anoche, ¿o acaso te embriagaste de jugo? —le dijo Óscar, soltándola mientras se cambiaba los zapatos con la misma comodidad de quien llega a su propia casa. Desabrochó algunos botones de su camisa antes de acomodarse en el sofá.
—Óscar, ¿qué estás haciendo? —preguntó Selena, siguiéndolo y sentándose seria en la mesita frente a él—. Será mejor que me expliques todo de una vez.
Óscar se recostó en el sofá, despreocupado.
—¿Qué quieres que te explique?
—Quiero que... —Selena comenzó, pero el hombre se inclinó súbitamente hacia ella, cortándole la palabra.
Sus ojos se abrieron de par en par al ver al hombre apuesto tan cerca. La camisa de Óscar estaba abierta, revelando un poco de su tonificado torso, y Selena no pudo evitar fijar la mirada en su cuello. De repente, su boca se sintió seca.
—Selena, debes ser responsable con lo que dices.
—Yo...
Antes de que pudiera reaccionar, Óscar la jaló hacia él, haciéndola sentarse en sus piernas. Ella se quedó inmóvil, asustada.
—Tú...
Óscar la miró intensamente, aunque comenzó a hablarle sobre el asunto de la casa.
—La razón por la que compré la casa en Villa del Mar fue porque al principio mi trabajo estaba aquí. Pero después de comprarla, me trasladaron a otra ciudad.
—¿Y no podías dejar que alguien más se encargara de venderla? Tienes mucha gente a tu disposición.
—Quería que fuera nuestra casa, un lugar especial. Además, tú ya habías estado ahí. Si la vendía y compraba otra, sin ninguna explicación, probablemente no volverías.
Óscar acarició suavemente su rostro.
—Solo que, antes de poder decirte esto, escuché lo que le dijiste a mi mamá.
Selena apretó su camisa, intentando calmar su mente.
—Le dije muchas cosas a tu mamá. ¿A qué te refieres?
—Después de que me confesaste tus sentimientos, tuviste una conversación con ella en el jardín. ¿Recuerdas?
Óscar la miraba con una mezcla de deseo y diversión, mientras sus manos no dejaban de acariciarla. Selena se sonrojaba cada vez más, sintiéndose vulnerable pero extrañamente atraída.
—Te daré una pista, por ser tu esposo —dijo él—. Mi mamá te preguntó si querías que nos ayudara a casarnos. ¿Recuerdas lo que respondiste?
Selena intentó recordar, pero las palabras se le escapaban. Estaba demasiado sumida en sus emociones aquel día, y las palabras salieron de su boca sin pensarlas demasiado.

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