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Divorciada del CEO, Heredera del Mundo romance Capítulo 10

Aparte de sus ahorros, Sofía solo se llevó sus joyas, una pequeña parte de su ropa y algunas fotos con Valentina y Mateo.

En cuanto a los regalos de lujo que Adrián le había dado a lo largo de los años, incluido el anillo de diamantes, contactó a una empresa de consignación y los vendió todos rápidamente a precio de ganga.

—Señora, ¿qué está haciendo? ¿Se peleó con el señor?

Rosa, al ver lo que hacía Sofía, corrió a detenerla.

—Si vende todas estas cosas sin permiso, cuando el señor se entere…

—Estoy vendiendo mis cosas. Además, dudo que a él le importe lo que yo haga.

Sofía le sonrió a Rosa, sus labios rojos y carnosos le daban un aspecto excepcionalmente saludable.

Rosa miró a Sofía, llena de confusión.

Normalmente, Sofía solo se preocupaba por su trabajo y su familia. Iba siempre con la cara lavada, tan sencilla y cercana que parecía una compañera de trabajo más.

Pero ahora, vestida con un elegante traje sastre azul ceñido y un abrigo blanco sobre los hombros, su estilo y su porte eran de un gusto impecable. Parecía otra persona.

Fue entonces cuando Rosa se dio cuenta de que la figura y el rostro de Sofía eran, en realidad, extraordinarios…

Cintura delgada, piernas largas, piel tersa y luminosa, y una elegancia de primera clase.

—Pero, y la señorita Valentina… Si usted se va así de repente…

—Rosa, gracias por ayudarme a cuidar de mi hija todos estos años. Te la encargo de ahora en adelante.

Tras decir esto, Sofía le entregó un sobre a Rosa.

—Este es el acuerdo de divorcio. Dáselo a Adrián, por favor. Él está ocupado, y yo también. Que se ponga en contacto conmigo más tarde para arreglar los detalles.

Al oír sus palabras, el cerebro de Rosa se bloqueó por completo.

¿Di… divorcio?

Sofía, la que siempre estaba dispuesta a consumirse por su esposo y su hija, ¿quería el divorcio?

—Asistente López, ¿qué te trae a llamarme?

—Señora, disculpe la molestia. Sé que hoy está de descanso, pero en la empresa…

—No me hables más de los asuntos de la empresa. Renuncié, ya no trabajo allí.

—¿Qué?

Javier se quedó petrificado ante las tranquilas palabras de Sofía.

Cada palabra le resultaba familiar, pero no entendía absolutamente nada.

—Ayer envié mi carta de renuncia al correo de Adrián. No pediré compensación por mis vacaciones, considérenlo como el período de preaviso de mi renuncia unilateral.

Sofía hablaba sin expresión, removiendo suavemente su taza de café.

De repente, una imponente figura apareció a su lado.

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