—Adrián, divorciémonos…
Sofía no había terminado de hablar cuando se escuchó un alboroto al otro lado de la línea; había entrado una llamada urgente.
—Es el banco... —le recordó su asistente, Javier López, con nerviosismo.
—No puedo hablar ahora, déjame un mensaje.
Hoy el mercado de valores estaba volátil y el Grupo Montoya se había visto muy afectado.
La atención de Adrián estaba completamente absorta en las líneas que fluctuaban en tiempo real en la pantalla. Ni siquiera escuchó bien lo que Sofía había dicho. Tras decir eso, colgó.
El tono de ocupado sonó de inmediato.
Sofía se quedó sin palabras. Sabía que Adrián estaba ocupado, por eso fue directa al grano.
Pero ni siquiera le concedió esos pocos segundos.
Ah, qué más daba...
Si a él le importaban tan poco esos segundos, a ella tampoco le importaba esperar un poco más.
La reunión de Adrián se prolongó durante más de cuatro horas. No fue hasta que anocheció que pudo volver a su oficina y descansar.
En su teléfono, el mensaje de Sofía destacaba:
"Por favor, necesito que vuelvas a casa esta noche. Tengo algo muy importante que hablar contigo".
Adrián miró la hora. Ya eran más de las siete.
Ya había quedado con Isabella Vega y Valentina para cenar juntos en un restaurante nuevo.
Solo que...
Sofía nunca lo buscaba con tanta urgencia.
Una pizca de duda cruzó la mente de Adrián, pero la desechó rápidamente.
Sofía no era importante para él.
Y, por supuesto, no tenía la obligación de atender sus asuntos de inmediato.
Al ver el hermoso dibujo, Valentina se emocionó tanto que le dio un beso en la mejilla a Isabella. —¡Tía Isa, eres increíble!
Isabella era una reconocida artista de novela gráfica, y su obra era muy popular en el país. Valentina era una de sus fans.
Por eso, la primera vez que su padre la llevó a conocer a Isabella, Valentina quedó completamente fascinada.
El dibujo de Isabella también atrajo la atención de otros comensales. Alguien reconoció quién era y, en secreto, pagó la cuenta por ellos.
Al ver esto, Valentina miró a Isabella con aún más admiración.
¡Claro, una persona como la tía Isa era la única digna de su papá!
¡Era muchísimo mejor que su mamá!
Después de cenar, viendo que ya era tarde, Adrián tenía la intención de llevar a Valentina a casa, pero Isabella invitó a la niña a su casa a ver una película.
—¡Claro que sí! ¡Quiero ver una película con la tía Isa!
Valentina aceptó de inmediato, emocionada, pero la expresión de Adrián permaneció impasible. —No, si ven una película será demasiado tarde.

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