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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 146

El pequeño Mateo soltó una risita, y el corazón de Doña Sofía se derritió de ternura.

—Isabel, ¿no querías ser abogada? He visto que la familia Solís está organizando un concurso de oratoria llamado la Copa de la Ley. Podrías participar. Le doy un toque a Don Ricardo, y con que hagas una participación simbólica será suficiente. Así aprovechas la oportunidad para entrar en el Bufete Solís, empiezas como asistente de otros abogados y aprendes.

—Ya me he inscrito, abuela. No hace falta que muevas hilos. El día que esté en un tribunal de verdad, no habrá nadie que me ayude. Quiero empezar desde el principio, esforzándome por mí misma. Así es como se crece.

Doña Sofía tenía ganas de decirle a Isabel que algunas personas nacen con todo hecho y no necesitan esforzarse.

Como Isabel, por ejemplo. Casada con Fernando Montero, solo tenía que ganárselo y no necesitaría trabajar como abogada, llevando casos con tanto sacrificio.

Esa era la ventaja que las mujeres tenían sobre los hombres.

—Está bien. Si tú lo dices, te prometo que no moveré ni un dedo. ¡Mucho ánimo! Cuando sea el concurso, iré a apoyarte.

—Por favor, abuela, mantenlo en secreto por ahora, que no se entere Fernando.

Isabel no se fiaba de Fernando. Este concurso era solo el primer paso para entrar en el Bufete Solís. Una vez dentro, a Fernando le resultaría más difícil interferir.

Pero en el concurso era diferente; el responsable podría anular la inscripción de un participante.

Hay mil excusas para descalificar a alguien, cualquiera serviría.

—Tranquila, no le diré ni una palabra.

Era casi la hora de preparar la cena, e Isabel invitó a la abuela a quedarse a cenar.

Fernando fue muy puntual al salir del trabajo. De camino a casa, vio a un chico declarándose a una chica en la calle. Le había regalado un ramo de flores y había algunos curiosos mirando.

Fernando se dio cuenta de que nunca le había regalado flores a Isabel. Le pidió al chófer que parara en la floristería más cercana.

Siguiendo la recomendación del dependiente, Fernando compró un ramo de rosas rosadas con lirios perfumados.

El aroma de las flores inundó el coche en cuanto subió, llenando el espacio con su fragancia.

El humor de Fernando mejoró al instante.

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