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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 221

—Isabel, mi niña, ¿qué estás diciendo? Los niños aún son muy pequeños, ¿cómo van a estar sin su madre? ¿Acaso Fernando te volvió a hacer daño? Cuéntale a tu abuela, yo misma me encargaré de ponerlo en su lugar.

Si no hubiera llegado a un punto de absoluta desesperación, Isabel jamás se habría atrevido a molestar a Doña Sofía Montero.

En cuanto al arreglo con los niños, era el último recurso de Isabel.

Realmente ya no soportaba esta vida. Solo quería dejar todo arreglado con los bebés para luego hablar de divorcio con Fernando.

Isabel le contó a Doña Sofía la verdad sobre el atropello de su madre y le confesó que la situación con su esposo ya era insostenible.

—Isabel, mi niña, no te angusties. Yo misma iré a buscarlo.

—Abuela, ir a buscarlo solo hará que usted haga corajes. Yo no puedo ganar contra él. Ya me advirtió que lo de Carlos Mendoza está arreglado. Si el chofer no coopera, aunque contrate al mejor abogado, no tendré cómo ganar este caso.

—¿Y por eso estás dispuesta a divorciarte, incluso si eso significa perder la custodia de los niños?

—Sí.

No quería pasar ni un segundo más al lado de Fernando Montero.

—Iré para Villa del Lago en un momento, hablaremos de esto cara a cara.

Doña Sofía colgó el teléfono, pero no se dirigió de inmediato a Villa del Lago. En su lugar, fue directamente a la mansión de la familia Cárdenas.

Al llegar, los empleados le informaron que ni la Señora Cárdenas ni Camila estaban en casa, sino en el hospital. Sin perder tiempo, Doña Sofía se dirigió a la clínica.

Para su amarga sorpresa, al entrar en la habitación, descubrió que Fernando también estaba allí.

Doña Sofía sintió que la sangre le hervía de furia.

Al ver a la matriarca, Camila se encogió con cierto temor. Conocía a Fernando desde hacía años y sabía perfectamente cuánto respetaba él a su abuela.

—Fernando, ¿qué demonios haces aquí?

El rostro de Doña Sofía era un poema de indignación.

—Camila está enferma.

—¡Para cuidarla cuando se enferma está la familia Cárdenas! ¿Acaso te toca a ti ser su enfermero? ¡Largo de aquí ahora mismo, Fernando!

Esta vez, Doña Sofía no tuvo la más mínima intención de salvarle el orgullo a su nieto.

Fernando entrecerró los ojos.

—Abuela, ¿qué hace usted aquí?

—¿Tú qué crees?

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