—Pero si este proyecto es un éxito, ¿tendrá Andrés algún lugar en el Grupo Serrano en el futuro?
Fernando soltó una risa fría. —Andrés no necesita depender exclusivamente del Grupo Serrano para triunfar. Además, sigo siendo el mayor competidor de Arturo. Si logra o no dominar todo el mercado, dependerá de su propia capacidad.
Isabel no entendía de negocios, pero esa confianza inquebrantable que Fernando mantenía incluso estando en desventaja, le generaba cierta admiración.
Era evidente que poseía una gran habilidad; de lo contrario, no habría logrado convencer a la junta directiva con apenas unas cuantas palabras.
Y ella que antes pensaba que Arturo la estaba ayudando.
Ahora, pensándolo con claridad, si Arturo ya no litigaba y se había convertido en el presidente del Grupo Serrano, no tenía ningún sentido que trabajara en un caso de divorcio como el suyo, a menos que tuviera otros motivos ocultos.
Es decir, desde el momento en que Arturo aceptó su caso, lo que realmente buscaba era ese proyecto.
El corazón de Isabel empezó a latir con fuerza.
Quien le había presentado a Arturo fue Leonardo Zamora. Recordaba que Leonardo le dijo que su madre era muy buena amiga de Arturo. Entonces, ¿sabría Leonardo de las verdaderas intenciones del abogado?
Adrián Zamora le había dicho que Leonardo ignoraba por completo la relación entre él y Fernando. ¿Habría sido verdad o mentira?
Si Leonardo sabía todo esto y aun así le presentó a Arturo para llevar su divorcio, la situación era verdaderamente aterradora.

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