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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 331

La única razón era que ella no llevaba la sangre de Doña Sofía.

Esta vez, estaba decidida a demostrarle a la matriarca quién era la más capaz de liderar la compañía.

Manuela Vargas abandonó la sede del Grupo Montero y se dirigió a La Casona Montero para visitar a su madre adoptiva. Apenas cruzó la puerta, le rindió su informe detallado sobre el caos que se había desatado en la empresa.

—Mamá, hoy hubo un alboroto en la oficina. Varios accionistas acorralaron a Fernando exigiendo explicaciones, pero él se mantuvo hermético, ni una sola palabra. Peor aún, con una arrogancia increíble, aceptó devolverles su inversión sin poner resistencia. Ahora esos traidores, sin un gramo de lealtad, andan esparciendo rumores venenosos sobre nosotros. Y, para colmo, los demás accionistas, contagiados por el pánico, están vendiendo sus acciones a lo loco. Nuestras acciones se desplomaron hoy. ¿Qué vamos a hacer?

Doña Sofía tomó su teléfono y revisó las noticias financieras en internet. Efectivamente, todo coincidía con la sombría descripción de Manuela.

Las arrugas en el rostro de la anciana parecieron profundizarse de golpe.

Isabel había sorprendido a Fernando con Camila Cárdenas, su matrimonio pendía de un hilo y, por si fuera poco, la empresa se enfrentaba a un cataclismo. Era evidente que su nieto estaba con el agua al cuello.

Doña Sofía adoraba a Isabel; la joven se había ganado un lugar muy especial en su corazón.

Pero el amor por su nieto no era menor. Fernando, huérfano desde muy niño, había sido criado por ella con dedicación absoluta. Era un hombre filial y siempre le había brindado la calidez de un hogar. Verlo acorralado en medio de esta tormenta era algo que no podía permitir.

—Manuela, Fernando e Isabel están pasando por una crisis terrible. Necesito que tomes las riendas en la empresa. Fernando está actuando con la cabeza caliente. Las inversiones están respaldadas por contratos; no se pueden liquidar de la noche a la mañana solo porque a ellos se les antoje. Tú diriges las finanzas, no puedes dejar que él haga lo que le plazca.

Manuela suspiró, fingiendo impotencia:

—Mamá, sabes cómo funciona esto. Si el CEO firma y sella la orden, finanzas está obligada a liberar los fondos.

—Escúchame bien: si más accionistas intentan retirar su dinero, bloquea los pagos. Y al que no le guste, ¡que nos demande y nos vemos en los tribunales!

—Entendido, mamá, haré exactamente lo que me pides. Por cierto... ¿qué fue lo que pasó ahora entre Fernando e Isabel?

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