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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 375

Isabel tranquilizó a Doña Eliana diciéndole:

—Abuela, no es tu culpa. La culpa es de Fernando y de lo retorcido que es.

—Desde luego que sabe cómo jugar sus cartas. Pero no tengas miedo; con tu abuela y tu tío aquí, no se atreverá a propasarse contigo.

En el pasado, la buena impresión que Doña Eliana tenía de Fernando se debía a que era el nieto de su amiga, Doña Sofía, y el mejor amigo de Javier. Antes, admiraba su implacable astucia en los negocios, pero ahora que estaba del lado de Isabel, veía esa misma astucia como una amenaza perversa.

—Sí, supongo que iré. Necesito que le quede claro que no voy a dar marcha atrás con el divorcio.

—Muy bien. Si ocurre algo, llámame de inmediato y estaré allí lo más rápido posible.

Isabel preparó las cosas de los niños y salió de la habitación. Ya que iba de visita a La Casona Montero, quería aprovechar para que Doña Sofía viera a los mellizos. Además, con la niñera acompañándola en el coche, tendría una excusa perfecta para no ir a solas con Fernando.

Sin embargo, las cosas no salieron como planeaba. Doña Matilde y Sebastián, creyendo que los jóvenes necesitaban su espacio, decidieron irse en el coche de los Solís, forzando a Isabel a subirse al auto de Fernando.

Fernando abrió la puerta del copiloto con una cortesía excesiva. Al verla entrar, sintió una inmensa alegría florecer en su pecho.

Estaba encantado.

Con su característico descaro, le pidió a Javier que le asignara a uno de los choferes de la familia Solís para que condujera. Luego, él mismo tomó a la pequeña Gabriela y se sentó en el asiento trasero junto a Isabel.

Isabel frunció el ceño con disgusto, pero decidió aguantar.

Durante todo el trayecto, se dedicó a mimar a Mateo, ignorando por completo la presencia de Fernando.

Sabiendo que Isabel seguía furiosa con él, Fernando decidió no provocarla. En su lugar, sacó del bolsillo de su traje dos pequeñas cajas. Había mandado a hacer tres colgantes idénticos: El Candado de la Fortuna. En cada uno estaban grabados los nombres de los tres: el suyo, el de Isabel y el del niño correspondiente. Cuidadosamente, le colocó el candado dorado a Gabriela.

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