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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 380

Fernando ordenó a los sirvientes que llevaran a Doña Matilde y a Sebastián a las habitaciones de invitados para que descansaran.

Una vez que se aseguró de que estuvieran instalados, soltó un suspiro de alivio.

Ahora solo quedaba Isabel.

Isabel estaba guardando sus cosas a toda prisa, preparándose para llevar a los niños de regreso a la casa de la familia Solís. Doña Eliana ya la había llamado para preguntarle a qué hora volvería.

Fernando se acercó a ella lentamente.

—¿Qué estás haciendo?

—Ya es muy tarde, mi abuela me está esperando en casa.

Fernando extendió la mano, deteniendo los movimientos de Isabel y apartando las cosas que ella sostenía. La miró fijamente, con los ojos ardiendo de intensidad.

—Esta noche no irás con los Solís. Te quedarás a dormir aquí.

—¡No! —rechazó Isabel al instante.

Fernando arqueó una ceja, su tono era suave, casi persuasivo:

—Tu abuela y tu tío están aquí. Si mañana despiertan y ven que te has ido, pensarán cosas raras.

Isabel ya lo había soportado todo el día. ¿Acaso esperaba que también lo aguantara toda la noche?

Estaba a punto de perder los estribos.

—¡Lo hiciste a propósito, ¿verdad?! ¡Los emborrachaste para obligarme a quedarme!

La frialdad y el desprecio irradiaban de la mirada de Isabel.

Fernando bajó la mirada y, con una voz ronca que parecía más un murmullo íntimo, confesó:

—Desde que te fuiste... te he extrañado muchísimo.

Su voz siempre había sido profunda y atractiva, y ese tono cargado de anhelo y arrepentimiento lo hacía aún más tentador.

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