Javier le insistió a Adriana que siguiera jugando mientras él miraba.
Don Ricardo también quería poner a prueba el verdadero nivel de la chica. Como había perdido, quería su revancha a toda costa.
A Adriana no le quedó más remedio que seguir jugando.
Javier se sentó a su lado, robándole miradas de reojo, buscando en ella alguna señal de nerviosismo o afecto. Pero Adriana parecía estar completamente concentrada en el juego, sin inmutarse lo más mínimo.
Cayó la noche.
Era Nochevieja, y en La Casona Montero solo estaban Doña Sofía y Fernando.
Esa época del año siempre llenaba a la anciana de melancolía.
Hubo un tiempo en el que fueron una gran familia. El año pasado, al menos, Isabel estuvo con ellos. Ahora solo quedaban los dos.
Bueno, también estaba el pequeño bebé, pero aún no sabía hablar.
El día que se suponía debía ser el más alegre y ruidoso del año, La Casona Montero estaba sumida en un silencio sepulcral.
Desde su accidente de auto, Fernando se había quedado en casa recuperándose. Todos los asuntos de trabajo los resolvía la señorita Giselle, quien le llevaba los documentos para firmar.
Pasaba la mayor parte del tiempo cuidando a Ángel, y cada vez hablaba menos.
De por sí nunca había sido muy comunicativo, pero cuando Isabel estaba a su lado, solía conversar un poco más.
La casa estaba espantosamente vacía.
La cena ya estaba servida. Después de hacer el brindis tradicional en honor a sus antepasados, Doña Sofía le pidió a Fernando que saliera al patio a encender los fuegos artificiales.
A pesar de vivir en la ciudad, los inmensos jardines de la propiedad les permitían mantener esa vieja tradición.
Fernando dejó a Ángel en su cuna y salió al frío para encender la pólvora.
El estruendo de los cohetes, sin embargo, no logró darle ni una pizca de ambiente festivo a la inmensa mansión.
La nieve caía perezosamente y Fernando no pudo evitar pensar en Isabel.
Javier lo había ignorado últimamente, pero aún lo tenía en WhatsApp. Sacó el celular y revisó los estados de su excuñado.
La familia Solís también había terminado de cenar y todos estaban afuera celebrando.
Javier había subido un video del festejo.
En la grabación, Isabel llevaba un adorable gorrito blanco de peluche que parecía de conejo. Cuando los cohetes estallaron, ella y Adriana se taparon los oídos entre risas, mientras los abuelos y Silvia reían felices en el fondo.

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