Por lo tanto, la maestra no puso ninguna objeción cuando Javier se llevó a Ángel.
Pocos minutos después, Fernando llegó apresurado al kínder.
Al no encontrar a su hijo, preguntó alarmado:
—Maestra, ¿dónde está mi hijo Ángel?
—Hace un momento vino su tío y se llevó a los tres niños. ¿No le avisó?
Saber que Javier se lo había llevado tranquilizó a Fernando.
Javier conocía perfectamente la verdadera identidad del niño.
—No me avisó que vendría por ellos hoy. Pero si están con él, no hay problema. Gracias, maestra.
Acto seguido, Fernando condujo en dirección a la residencia de la familia Solís.
Con la excusa de buscar a su hijo, los Solís no tendrían motivos para negarle la entrada.
Javier llegó a casa con los tres pequeños.
Cuando doña Eliana vio al niño que era un clon exacto de Mateo, no necesitó preguntar para saber que se trataba de Ángel.
La anciana jaló a Javier a un rincón y le susurró:
—¿Por qué trajiste a ese niño a nuestra casa? Si Isabel lo ve, se le va a partir el corazón. Y te seré sincera, yo no soy tan de mente abierta; ver a ese niño solo me recuerda todo lo que Isabel sufrió.
En la mente de todos, Ángel era el fruto de la infidelidad de Fernando con Camila, por lo que su presencia les resultaba amarga.
Javier, sin atreverse a revelar la verdad, intentó calmarla:
—Abuela, son hermanos. Y además, solo es un niño inocente. No podemos juzgarlo por los errores de los adultos, no es justo para él.
Las palabras de Javier no surtieron mucho efecto; a doña Eliana le seguía costando aceptar la situación.
Era comprensible; cualquier persona en su lugar sentiría el mismo rechazo.
Sin embargo, al ver a los tres niños sentados muy formales haciendo sus tareas juntos, la anciana se contuvo. Tampoco iba a descargar su frustración con un niño que ni siquiera cumplía los tres años; habría sido indigno de su edad y posición.

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