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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 53

Fernando Montero enarcó una ceja.

Javier continuó: —También le dijo a mi abuelo que en el futuro quiere ser abogada de divorcios. Fernando, ¿qué tan profundo la has herido para que tenga esa idea en la cabeza?

Fernando bebió un sorbo de vino sin decir nada.

De verdad que se estaba volviendo osada. ¿Así que quería ser abogada de divorcios?

—No te quedes callado. Se te ve de muy mal humor.

—No es nada.

No quería que nadie supiera que la Isabel de ahora estaba desesperada por deshacerse de él.

Poco a poco, empezaba a comprender que cuando Isabel hablaba de divorcio, no estaba bromeando.

Javier lo observó y sonrió levemente. —¿Que no es nada? Lo tienes escrito en la cara. ¿Difícil mantener el juego a dos bandas?

Fernando levantó su copa, la chocó con la de Javier y se la bebió de un trago.

—Un poco.

El hecho de que Camila Cárdenas hubiera llevado a Ángel al bautizo lo había enfurecido.

Pero él no era una persona desagradecida. No debía culpar a Camila por ello; al fin y al cabo, él e Isabel habían tenido tres hijos, era comprensible que ella se sintiera insegura.

—Entonces, ¿a cuál de las dos quieres? Por lo que sé, tu familia es muy estricta en estos asuntos.

—Mmm, aún no lo he decidido.

En su plan original, su esposa solo podía ser Camila. No descartaba la idea de seguir el ejemplo de su padre y dejar la familia Montero por ella.

Sin embargo, las cosas no parecían estar desarrollándose como él había previsto.

El comportamiento de Camila también había empezado a hacer mella en sus convicciones más profundas.

—Eres un verdadero canalla. Antes, solo tenías ojos para Camila. Aunque ella no me caía muy bien, al menos pensaba que tú eras decente, leal. Isabel no ha hecho nada terrible, incluso te ha dado hijos. Si de verdad te vas a divorciar, deberías ofrecerle unas condiciones más justas. Se lo ha ganado con creces. El acuerdo de divorcio que le preparaste... hasta a mí me enfureció leerlo, imagínate a una mujer.

Javier no sabía por qué, pero ese día se encontró defendiendo a Isabel sin poder evitarlo.

No la conocía bien, aunque la había visto varias veces en casa de los Montero. La impresión que le daba Isabel era la de una mujer reservada, siempre correcta.

El ceño de Fernando se frunció ligeramente.

—¿Desde cuándo te preocupa tanto mi esposa?

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