Javier estaba seguro de algo: sin importar cuánto se arreglara Camila, junto a Isabel no pasaría de ser un patito feo.
Recordó las veces que había acompañado a Fernando a los cumpleaños de Camila organizados por la familia Cárdenas.
En aquellas ocasiones, Camila siempre lucía como una pequeña princesita, mientras que Isabel se presentaba de lo más sencilla. Aun así, era Isabel quien lograba robarse todas las miradas sin el menor esfuerzo.
En ese entonces, él siempre lamentaba que Isabel fuera la hija ilegítima; de no ser así, la fila de pretendientes habría derribado la puerta de su casa.
Una vez que Isabel estuvo peinada y maquillada, Javier también se cambió de traje y se arregló un poco. Su elegante porte salió a relucir.
—Javier, siento que hoy vamos a un certamen de belleza, no a una subasta.
—¿Crees que somos los únicos que nos esmeramos? No tienes idea de cómo se va a presentar el resto. Pero nuestra mayor ventaja es que tenemos una percha inigualable; por mucho que los demás lo intenten, no tienen oportunidad. Vámonos.
La Corporación Zamora lideraba el sector joyero. Sus sucursales de 'Joyas Zamora' se extendían por todo el país. Los fundadores, los abuelos Zamora, gozaban de un matrimonio envidiable y llevaban décadas dirigiendo la compañía juntos. Además, siempre habían apoyado activamente diversas causas benéficas.
El poderío de los Zamora era innegable, y el matrimonio de su nieta, Olivia, con Santiago Santillán —el heredero de la Corporación Santillán en la Ciudad Capital—, no hizo más que coronar su prestigio.
No era un secreto que las personas de la alta sociedad matarían por una invitación a este evento.
Los rumores decían que, en esta subasta, pondrían a la venta un juego de joyas extremadamente valioso. Doña Eliana ya había decidido adquirirlo para regalárselo a Isabel.
Por eso el calendario de Javier estaba marcado con antelación para asegurar su asistencia.
En el trayecto, Javier le relató un poco sobre la historia de la familia.
Intrigada, Isabel preguntó:
—¿Y por qué la nieta biológica de los Zamora no lleva su apellido?
—Curiosamente, su historia se parece mucho a la tuya. La señora Santillán, al parecer, fue intercambiada al nacer. Pero la persona que se la llevó se la entregó a un matrimonio acomodado. Ella tuvo una vida mucho más feliz que tú; su padre adoptivo la adoraba, así que jamás quiso cambiar su apellido.
—Qué interesante.
—Tal vez tengas la oportunidad de conocerla hoy. Además de ser diseñadora de joyas, ella ya tomó las riendas de la Corporación Zamora.


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