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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 585

Isabel Cárdenas estaba a punto de llorar.

Ante la invasión de Fernando Montero, su propio cuerpo estaba reaccionando...

Cuanto más luchaba, más la inmovilizaba él.

Finalmente, se quedó inmóvil.

Las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

De pronto, al sentir un sabor salado en sus labios, Fernando se detuvo.

Su cuerpo grande y robusto aún rodeaba fuertemente a Isabel.

La soltó lentamente y, con un movimiento, encendió la luz de la habitación.

Las largas pestañas de Isabel estaban empapadas. Para Fernando, fue como si una tormenta se desatara en su corazón.

Con voz ronca, le dijo:

—Lo siento.

Extendió la mano para limpiar sus lágrimas, pero ella apartó el rostro y se frotó los labios con el dorso de la mano con fuerza.

Ese gesto lastimó profundamente a Fernando.

Él le sujetó la muñeca.

Isabel se zafó, caminó hacia el baño, puso pasta en el cepillo y comenzó a lavarse los dientes.

Se frotó los labios con rudeza.

Fernando giró la cabeza y cerró los ojos. Un instante después, entró al baño y dijo con un tono un poco apresurado:

—¡En toda mi vida, solo te he besado a ti!

Él ya tenía un hijo con Camila y aun así tenía el descaro de asegurar que solo la había besado a ella.

Estaba harta de esas mentiras.

Isabel se enjuagó la boca, se lavó la cara y por fin se volteó para mirarlo.

—¿Cómo entraste?

Gabriela Montero había sido tan dulce al dejarlo entrar, que no podía delatarla.

—Yo... Engañé a los niños para que me abrieran.

—¡Sinvergüenza! ¿Tienes idea de lo que acabas de hacer? Es allanamiento de morada y acoso. ¡Podría demandarte!

Los ojos oscuros de Fernando se fijaron en ella con intensidad.

—Hoy pensé muy en serio en la pregunta que me hiciste. —Su mirada la devoraba con avidez; apretó los labios y continuó—. No sé si alguna vez te amé... pero sé que, sin ti, mi vida es un tormento.

—No tengo ninguna reacción física hacia Camila Cárdenas. Solo contigo me pasa.

—Durante estos tres años, no he dejado de pensar en ti. De día y de noche te extraño con locura.

—¿Podrías enseñarme si esto es amor?

Su mirada profunda nunca se apartó del rostro de ella.

Isabel respondió con frialdad:

—Lo que pienses, no tiene nada que ver conmigo.

Ella le había preguntado, sabiendo que él no la amaba.

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